El mapa de las mascaradas

Un libro documenta 320 de estas figuras en la Península, 62 en Galicia


redacción / la voz

Aunque no sea exclusiva del entroido, la máscara es uno de los elementos más identificables de la fiesta señera de estas fechas. Bajo el propósito básico de ocultar el rostro de quien la porta, existe una amplia variedad de manifestaciones que se enraízan con sus enclaves concretos de procedencia y que configura un rico panorama antropológico que evidencia tanto esa diversidad formal como numerosos puntos de encuentro en sus estructuras rituales y funcionales.

Hasta 321 de estas manifestaciones han sido recogidas por el etnólogo asturiano Óscar J. González, que las ha documentado en su libro Mascaradas de la península Ibérica. De ellas, 62 han sido localizadas en Galicia. Están los cigarróns, peliqueiros y pantallas, xenerais, lardeiros y lardeiras, volantes y maragatos, boteiros, madamas y galáns, y otras notables representaciones del entroido gallego, especialmente de las zonas del interior. Estas mascaradas se completan con otras, como las vinculadas al período navideño, de las que González cita Os Reises de A Mezquita y A Gudiña.

Todas tienen en común señalar de algún modo un tránsito temporal, «un cambio de temporada, el cierre de una y el inicio de otra», como explica el antropólogo. González también enmarca estas manifestaciones, «fundamentales en la organización social de los pueblos europeos», en otro rito de paso, el de la mocedad a la edad adulta. «Muchos rituales separan a los mozos de las mozas y los niños», apunta el autor del volumen, quien identifica elementos relacionados con el cortejo, así como la protección del grupo, en muchas de las celebraciones de las mascaradas. Otra oposición clásica es la de guapos y feos, evidente en la división de roles asignados a los volantes y maragatos del entroido ribeirao de Chantada.

El estudio, con más de 700 páginas, es el fruto de cuatro años de trabajo, entre el 2009 y el 2013, y documenta cada mascarada con imágenes -muchas de ellas antiguas, cedidas de álbumes domésticos- y los datos aportados por los informantes. Todo un trabajo detectivesco que nació como un acercamiento a las máscaras en Asturias y se amplió luego a Galicia para acabar abarcando toda la Península, partes del sur de Francia y las islas Canarias y Baleares. González recorrió en persona la mayoría de estos lugares y, a los que no pudo llegar, localizó telefónicamente, no sin dificultades, a los informantes idóneos que le confiaron «detalladas descripciones de las mascaradas de sus respectivos pueblos».

En algunos casos, estas celebraciones gozan de gran salud y se han convertido en fiestas espectaculares, mientras que otras han desaparecido. Galicia no es una excepción. El estudio recoge una manifestación, conocida genéricamente como payasos y bobos, de Lebozán, parroquia del municipio de Beariz, que se perdió a principios de la década de los ochenta; cuando González recogió la información, en el 2010, no se había recuperado.

Los rituales en activo y los olvidados comparten la dificultad de rastrear sus orígenes. Mascaradas de la península Ibérica no pretende «entrar en hipótesis sobre su significado y procedencia», sino «dar un punto de vista general para facilitar su estudio comparativo». González ha editado 700 ejemplares del volumen, sin más apoyos que los libros que le han comprado en Ayuntamientos como los de Laza, Manzaneda, Pobra do Brollón, Castro de Rei y Chantada, aunque está a la espera de una segunda edición para acercar el estudio al público general, ese mismo que durante los próximos días viajará para ver de cerca las mascaradas.

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