Oscars 2014: Leo, el Lobo, contra todos

Di Caprio parte en desventaja frente a Matthew McConnaughey, favorito al Oscar al mejor actor. «Doce años de esclavitud» puede llevarse el de mejor película, aunque «Gravity» la duplique en estatuillas


Se dice que la Academia, el cuerpo electoral que entrega cada año los Oscar, tiene algún problema con Leonardo DiCaprio. Bueno, lo cierto es que no tanto por las veces que le ha negado el Oscar en una ceremonia, que son solo hasta ahora tres (¿qué diríamos entonces de los difuntos y competitivamente dipsómanos Peter O'Toole, con 8 nominaciones fallidas, y Richard Burton, con siete, o de la muy viva Glenn Close, seis veces candidata sin gloria?), sino más bien por el hecho de que todavía no lo haya concedido a un actor que lleva veinte años ininterrumpidos en la cima del star-system, desde que obtuvo su primera candidatura al Oscar por ¿A quién ama Gilbert Grappe?

Hollywood siempre ha sido generoso con los rostros que han engrasado bien la máquina de dólares del box-office: actores como Julia Roberts, Sandra Bullock, Russell Crowe, Mel Gibson o, por dos veces, o el joven Tom Hanks, parecen deber sus premios Oscar más a ese agradecimiento del show-business por los dólares ingresados que a una exquisitez interpretativa.

DiCaprio, a punto de cumplir los 40, debe de estar fatigado de la excusa de la inmadurez para negarle el premio, sobre todo cuando, por ejemplo, Jennifer Lawrence, criatura, será la principal aspirante ese mismo domingo 2 de marzo a arrebatarle el Oscar como mejor secundaria a Lupita Nyong'o y llevarse, con 23 años, la segunda estatuilla consecutiva a su cuarto.

Dicaprismo emergente

Es verdad que algo hay estas semanas en el ambiente que destila esta vez como nunca antes un dicaprismo emergente, una corriente de estima hacia ese colosal trabajo en su papel de Jordan Belfort, que invita a pensar que este año, y contra pronóstico (Matthew McConnaughey se ha hecho con el Premio del Sindicato de actores, tan indicativo, y su ticket, junto a Jared Letto en Dallas Buyers Club, parece imbatible) Leo, como su personaje en la colosal obra maestra de Scorsese, El Lobo de Wall Street, podría reventar la bolsa de cotizaciones del Kodak Theatre en Los Ángeles. Es un runrún, una sensación; también sería una manera de evitar que el mejor Scorsese de los últimos veinte años se fuese de vacío de la gala de este año, porque no parecen firmes sus opciones en las restantes categorías.

Porque, a excepción de la batalla de Leo di Caprio (y, también, de la que libran las citadas Jennifer Lawrence y Lupita Nyong´o por el Oscar a la mejor actriz secundaria), la noche del 2 de marzo, cuando se entregan los Oscars 2014, parece bastante cocinada. Todo apunta a que habrá un partage entre Doce años de esclavitud y Gravity, según el cual, el film del inglés Steve McQueen se haría con el Oscar principal, mejor película, el de guión adaptado y -con permiso de Jennifer Lawrence- el de mejor secundaria para Lupita Nyong'o. Y que Gravity ganaría de lejos en número de estatuillas, con la de Alfonso Cuarón (que ya venció en los Globos de Oro) como director, más los premios a su montaje, fotografía, banda sonora, sonido, efectos de sonido y efectos especiales. Esto es, un siete a tres a favor de Gravity, pero la parte del león para el vía crucis del liberto Chiwetel Ejiofor.

Como descontados daremos el Oscar para Cate Blanchett por Blue Jasmine, el de La Grande Bellezza de Paolo Sorrentino como película de habla no inglesa (aunque aquí, cuidado, puede saltar la liebre del buenismo de la danesa La Caza, o la flamenca Alabama Monroe, en la tradición académica de valorar el sentimentalismo en la categoría de películas de habla no inglesa), los tres de Dallas Buyers Club (los de MConnaughey, Jared Letto y el maquillaje de ambos, como una consecuente tríada), los dos de la factoría Disney (Frozen: mejor película de animación y mejor canción), los que le tocan al lujo de producción de la lerda El Gran Gatsby (vestuario y decorados). Y, éste más en el aire, el guion original para la formidable Her, la historia de amor entre Joaquin Phoenix y la voz de Scarlett Johanson, creada por un sistema informático.

Con todo esto, podríamos colegir que esto de las emociones, las quinielas, la noche de infarto en la gala de los Oscar, son otra invención de computador. Bueno, hay mucho dinero pendiente de los millones de espectadores que vean el show. Así que la organización siempre tendrá preparado algún golpe de efecto, una detonación controlada, que justifique que la función deba continuar. ¿Tal vez una conversión de los bonos-basura de Jordan Belfort-Leo DiCaprio en letras del Tesoro del Tío Oscar? Mucho nos alegraría a quienes hemos abominado de la figura del DiCaprio-Titanic, un papel que peterpanizó en el tiempo la imagen del actor y que retardó las posibilidades de considerarlo un actor por fin maduro. El que ahora brilla y nos conduce por esa montaña rusa de drogas y sexo de pago que Scorsese ha bordado como una moderna Roma de Calígula.

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