Gallegos en la selva de Arco

Mercedes Rozas

CULTURA

Las galerías de la comunidad presentes en la feria se quejan de que las instituciones de Galicia compran poco arte de su tierra

18 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Quizá sea Arco un proyecto nacido para la polémica, ya que no ha habido año en el que no se dieran argumentos para la discusión. Esta vez el debate se generó al perpetrar la mayor criba de las últimas ediciones, al dejar a una veintena de galerías españolas, entre ellas las gallegas SCQ y Marisa Marimón, fuera de Ifema.

Tampoco ha ayudado mucho la improvisada distribución de espacios, especialmente en el pabellón situado en el primer piso, reservado a la sección Arco 40, a los apartados de audiovisuales y performances , así como a las galerías brasileñas y puestos de revistas, pabellón que ha resultado ser un auténtico totum revolutum . En este laberíntico espacio tiene su rincón la galería Trinta de Santiago con uno de los proyectos más arriesgados y mejor montados de Arco, la del siempre provocador artista Carlos Pazos. Al lado, grandes pantallas, demasiado cercanas entre sí, emiten creativas imágenes del coruñés David Ferrando de la Galería Visor, que juega a encadenar estratos cinematográficos y cotidianos en un mismo espacio vital, y un vídeo de la también creadora gallega Ana de Matos de C5 Colección, obra que el director de la Feria Diva de Nueva York llevará en marzo a EE.?UU. La galería Bacelos de Vigo presenta en este mismo marco una apuesta coherente con las fotografías de Victoria Diehl, Laura Torrado y Catarina Campino, participando las tres de un trabajo comprometido con el mundo de la mujer.

Ya en el sector de Arco 40, en la planta baja, la galería Adhoc decora su entrada con una intervención de Perianes, una crónica un tanto enigmática sobre la naturaleza, y un tapiz de gran formato con el tema de los Peliqueiros de Chelo Matesanz; en el interior se ubica la instalación de Carmen Nogueira que la próxima semana engrosará los fondos del CGAC. Precisamente de las compras realizadas por las instituciones gallegas se quejan los galeristas autóctonos, puesto que las adquisiciones se han efectuado en embajadas artísticas de fuera, en las que, en cambio, salvo las excepciones de Lamazares, Murado y Leiro, no hay representación gallega.