Grasse, la cuna del perfume francés

Isabel Alvite

CULTURA

El laboratorio de los perfumistas recibe el nombre de órgano, por la disposición de los frascos

La pequeña localidad de Grasse, en la Costa Azul, goza del título de capital mundial del perfume. Patrick Süskind en su trabajo «El perfume» hace un guiño a los maestros perfumeros de Grasse, convirtiendo en «nariz» a su protagonista, un hombre con una gran capacidad olfativa.

21 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

En Grasse, pequeña localidad interior vecina de Cannes, viven doscientas de las escasas quinientas «narices» que gozan en el mundo del olfato suficiente para componer únicas sinfonías de olores. También esta localidad presume de copar el 20% de la industria perfumera mundial y de dedicar gran parte de sus plantaciones de jazmines a obtener el irrepetible aroma del Chanel nº5. Lo cierto es que aunque las calles no desprendan fragancias, sí lo hacen las fábricas artesanas que todavía subsisten en la región. Fragonard, Molinard o Galimard son sólo tres de las firmas familiares que mantienen la tradición de los antiguos fabricantes de perfume. Otrora trabajaban para grandes creadores franceses como Estée Lauder o Guerlain. Hoy producen poco y comercializan sus fragancias a través de Internet. Eso sí, lo suyo es perfume puro. Museos Un paseo por el museo Fragonard del perfume basta para percibir cuán ancestral puede resultar extraer aromas de las flores. La primera lección permite distinguir entre perfume, agua de perfume y agua de toilette. El matiz se encuentra en la cantidad de agua y/o alcohol que se añade a la esencia. Por descontado que el perfume, la única sustancia que sale de sus laboratorios, es más puro. «En la elaboración de perfume conservamos la tradición», explica la guía guatemalteca que recibe a los castellano parlantes. El museo es a la vez la fábrica en la que cada jornada trabajan un puñado de operarios que, como antaño, se encargan de separar la flor. Sobre todo los jazmines, las mimosas (están en temporada) y la rosa de mayo, abundantes en la región. A diferencia de lo que sucedía en el S XVI, cuando los artesanos ganaron fama mundial por aromatizar el cuero de los guantes de mujeres de la aristocracia francesa e italiana, hoy en estas fábricas se ha prohibido, por cuestiones sanitarias, la maceración de los vegetales. Este procedimiento, inventado en Grasse, permitía impregnar el aroma de las flores en grasas animales, con las que se elaboraban exquisitos jabones. La sofisticación de la industria también ha animado a estas empresas a importar aromas de un sinfín de rincones del planeta. Desde África, Asia, Europa o América llegan al laboratorio de la «nariz» decenas de esencias de flores que, combinadas entre sí, dan lugar a los perfumes. «La nariz es un artista», explican desde Fragonard, que ha conseguido con la suya un contrato de exclusividad. Sus combinaciones son secretas. Esencias Un perfume puede contener desde una decena hasta centenares de esencias vegetales y/o animales. Una mala cosecha, al igual que sucede con el vino, sería fatal para la industria del perfume. En Francia han hecho de los olores una cultura que se paga cara. Un litro de perfume puro en el mercado podría superar los 20.000 euros. Para conseguirlo es necesario contar con una tonelada de flor, una hectárea de terreno... De ahí que lo que normalmente adquirimos en las perfumerías sean aguas de perfume. Menos concentración de esencia, menos euros.