Finlandia atrae a los turistas con sus entornos naturales, gastronomía y costumbres. Con cerca de veinte horas de luz, Finlandia, fronteriza con Rusia, rebosa calor y vida. ¿La prueba? La ya muy cercana celebración de los Mundiales de Atletismo o el rally de los Mil Lagos, ambos a principios de agosto, eventos que centrarán la atención del mundo en un país lleno de encantos y curiosidades.
27 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Llegué a Finlandia con la maleta cargada de tópicos. Pensaba que me dirigía a un país frío, de nieves eternas, habitado por seres con el espíritu helado. Y no. Por eso mi sorpresa fue tan grata. Este país nórdico, fronterizo con Rusia, poco tenía que ver con esa fama. Nada más aterrizar en Helsinki, la capital, ya sobraba el jersey. El termómetro marca 28 grados. «¿Es normal?», pregunto ilusa a Leena Palmgren, mi guía en este tour. «Sí, y cuanto más al norte más calor» responde. Entonces tuve claro que los gorros, calcetines y forros polares que llevaba en la maleta no iban a servir más que para hacerme sufrir por ese exceso de equipaje inútil. Hacía un cuarto de hora que habíamos dejado Helsinki y ya estábamos rodeados de árboles. «El 70% del país es bosque», explica Leena, y matiza: «Por ley, hay que dejar una línea de árboles a ambos lados de la carretera, así que acostumbraos a este paisaje; es el que domina. Ah, por cierto, quien arranca un árbol debe plantar otro antes de seis meses»... Fue esta la primera de las muchas premisas que no nos vendría mal imitar en un país donde los coches siempre paran en los pasos de cebra. Donde las mujeres tienen un año de baja por maternidad, y las familias, una media de 2,5 hijos. Donde los niños no molestan, y donde restaurantes y hoteles tienen zonas especiales para los pequeños. Donde una aldea, Nokia, ha dado nombre a un empresa de tecnología mundialmente famosa. Donde se camina lo que sea en busca de una papelera. Donde los bosques apenas sufren incendios y la gente conoce y cumple las normas básicas de respeto a la naturaleza. Y disfruta de ella además de sacarle partido. Ahora veo por qué el papel con el que se tiran periódicos en todo el mundo, incluido el que tienen en sus manos, es finlandés. Y por qué gran parte de las construcciones son de madera. No sólo las miles de tradicionales cabañas en las que gran parte de los cinco millones y medio de habitantes que tiene Finlandia se refugian de la vorágine del día a día. Hay enormes iglesias de madera, como la de Kerimäki, la más grande del mundo construida con este material. Y auditorios, como la Casa Sibelius, en Lahti, famoso por su fantástica acústica. Y museos forestales, como el de Lusto, en Punkaharju, donde se ve la interrelación y dependencia entre el hombre y el bosque.