Emprende su primer negocio a los 19 años, pero sin dejar su empleo: «Ahora trabajo 14 horas al día»

VIVIR A CORUÑA

Lucía Oliveiras, propietaria del bar Picaña, en A Coruña.
Lucía Oliveiras, propietaria del bar Picaña, en A Coruña.

La coruñesa Lucía Oliveiras acaba de subir la persiana del bar Picaña, en la calle Franja de A Coruña

12 ene 2024 . Actualizado a las 13:42 h.

«Estoy cansada», confiesa Lucía, una experimentada hostelera coruñesa que se ha aventurado a montar su primer negocio, el bar Picaña, en la calle Franja. Razones no le faltan, ya que sigue desempeñando su trabajo como encargada en otro establecimiento de hostelería en A Coruña. Abrió sus puertas a mediados de noviembre, y aunque le ronda en la cabeza la pregunta de si «va a merecer la pena», tiene claro que «hay que intentarlo».

El trabajo como camarero ya no atrae a las nuevas generaciones. Ha dejado de ser ese primer empleo compatible con los estudios. No es el caso de Lucía, de 19 años. Ha trabajado en el sector desde su adolescencia y le gusta. «Es muy esclavo, hay personas maleducadas, pero también conoces a mucha gente; no todo es malo. Eso sí, la atención al cliente tiene que gustarte», dice.

Su experiencia y dedicación han permitido a Lucía estar en una posición laboral sólida —«Me pagan bien», afirma— y trabaja en un campo que le apasiona: el ocio nocturno. Sin embargo, cuando se presentó la oportunidad de emprender en un local vacante en la céntrica calle Franja de A Coruña, no lo dudó. «Siempre di o mejor de mí en mis anteriores trabajos, pero ahora esto es para mí. Si funciona, es para mí», asegura.

A pesar de su determinación, Lucía no se aventura si una red de protección. Inicia su bar en una de las calles más concurridas de A Coruña y, sobre todo, mantiene su trabajo como encargada. «Estoy abriendo esto y al principio no genera ganancias, tienes que invertir. Mi sustento proviene de mi otro trabajo, y no puedo renunciar a él», explica. «Estaré así durante un año», agrega.

El nombre que ha elegido para su bar es Picaña, que resume el concepto del establecimiento. En primer lugar, porque lo seleccionó como una fusión de las palabras «pincho» y «caña»: «Es un lugar para comer rápido, delicioso y a buen precio. No es como La Bombilla o El Cocodrilo, pero es ideal para tomar cañas y comer algo». Además, ha influido en parte del menú. Su producto estrella es la chapata de picaña, un bocadillo pequeño pero sustancioso, acompañado de una salsa especial.

Su meta es evaluar cómo va durante el primer año. Hasta ahora, todo ha ido genial «porque la temporada ha sido buena», señala. Ahora se avecina una temporada más tranquila hasta Carnaval, seguida de Semana Santa y el verano, que será crucial para decidir si continúa o no. Lucía contempla este horizonte con nerviosismo pero también con confianza.