«Una cosa es lo legal y otra lo moral»: la escasez de pisos en A Coruña saca a la luz la picaresca de los caseros

VIVIR A CORUÑA

ANGEL MANSO

Una joven cuenta que lleva dos meses buscando vivienda; a los precios imposibles se le suman cláusulas como la limpieza del portal y escalera. «Los propietarios se están aprovechando», alertan desde una inmobiliaria

27 jun 2023 . Actualizado a las 13:01 h.

Teorías hay a montones. Esa que dice que el precio de la vivienda no debe superar el  30 % de los ingresos, la del límite de las 40 veces —el salario anual debe ser, por lo menos, igual al alquiler multiplicado por 40—, y el último grito en normas imposibles para el grueso de los jóvenes: la del 50/20/30. Aquí la mitad del salario va a parar a gastos básicos, el 20 % se destina a los ahorros y el 30 % es para cuestiones personales. Raquel conoce estas reglas, como tantas chicas de 23 años que, como ella con su primer sueldo, solo quieren emanciparse y ser independientes.

Graduada en Periodismo y empleada de una agencia de comunicación, a esta boirense no le salen las cuentas y de la vida adulta conoce, más que nada, los sinsabores y tedios que provocan las conversaciones sobre facturas, contratos e impuestos. Tras dos meses viviendo en A Coruña, hasta hace unos días no era capaz de encontrar un piso que se adecuara a sus necesidades y que, claro, pudiese pagar. Decidió abrocharse el cinturón un poco por una vivienda que merecía la pena, pero al final todo fue un espejismo y la vida sigue igual.

«Por fin me pareció que tenía suerte porque encontré un piso en la zona de Os Mallos por 530 euros, casi un milagro; además, el propietario se hacía cargo de cuestiones que muchas veces se pasan al inquilino, como el seguro de impago». Continúa: «Fui a visitar el piso y todo fue bien; el casero no me comentó nada extraño, así que me fui bastante decidida. El problema es que, cuando ya había hecho todas las gestiones, me envió el contrato para firmarlo y vi que en una de las cláusulas ponía que tenía que hacerme cargo de la limpieza del portal y las escaleras, en un turno que me sería asignado».

Raquel explica que se puso en contacto con el propietario porque no le había comunicado este detalle, para decirle que no estaba de acuerdo con esta asignación extra de tareas. «Entonces me dijo que si yo no aceptaba tenía una cola de gente esperando que sí aceptaba esta condición». Tras varios días, lo cierto es que este inmueble sigue estando disponible en diferentes plataformas.

Así las cosas, Raquel continúa viviendo en la casa de una amiga y se plantea que, quizás, no pueda vivir cerca del trabajo. «Eso o compartir, que no quería, pero igual no me queda más remedio», comenta. Su situación no les resultará ajena a los miles de jóvenes que a diario buscan piso sin éxito. Los estudiantes no tienen quién les quiera, y a los que ya están empleados no les llega el salario. No arroja demasiado optimismo a esta situación Antonio Correa, de la inmobiliaria Backhome. «Hay muchos propietarios que se están aprovechando de la situación precaria de los jóvenes, aunque A Coruña no es de momento ni parecido a lo que ocurre en Madrid o Barcelona», indica, para añadir: «Muchas veces los caseros ponen cláusulas superabusivas porque saben que o aceptas las condiciones que te exigen o te quedas sin piso; es lo que pasa con este tema de la limpieza de las zonas comunes, yo no lo había visto nunca, pero sí otras cosas incluso más raras».

En la inmobiliaria Romar lo ven similar. «No es una práctica habitual; de hecho suele hacerse cargo el propietario, igual que pasa con el pago de la comunidad o el IBI, pero si aparece en el contrato y el inquilino acepta la cláusula, pues es legal. El tema es que una cosa es lo legal y otra lo moral. Y a veces se ven cosas que no son morales ni tampoco normales».