As Mirandas: las islas mitológicas del golfo Ártabro

El pequeño archipiélago es la joya de la corona de un litoral salpicado por islotes que llegaron a estar habitados en el pasado

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Hay islas curiosas en el golfo Ártabro: la de Santa Cristina, la de Santa Cruz, la de Mera y la de A Marola. Y pasada esta, vecina de arrecifes peligrosos para quien navega por estas aguas sin conocerlas, hay que dejar a las espaldas el puerto de Lorbé y enfilar hacia Sada. En esa parte de la costa solo destacan dos peñascos que ni a la categoría de islotes llegan. Sus nombres son A Pena da Herba y O Gavioteiro.

Un buen lugar para verlos es la playa de Cirro. Una vez allí, a la derecha aparece una roca de media docena de metros de altura, a pico sobre el nivel del mar y con unas hierbas en su parte superior, y, justo detrás de ella, otra mayor, O Gavioteiro.

Y punto final. De manera que se llega al fondo, donde el río Mandeo se funde con el océano después de visitar Betanzos -en esa confluencia hubo unos islotes, O Castelo, habitados por vacas que pastaban a su libre albedrío hasta que la construcción de la AP-9 acabó con los primeros y la comida de las segundas-, se remonta por la costa de enfrente y ahí esperan dos sorpresas.

La primera, frente a la playa de Perbes, algo alejado de ella a pesar de que en verano más de un buen nadador ha salvado esa distancia. Lo de menos es que su punto más elevado esté a ocho metros sobre las olas. Lo curioso es la cantidad de nombres que tiene: A Fesa es uno, pero también Cabrón y Cabrón de Marín.

«E como iso soaba mal, nas cartas náuticas aparece como Carbón», dice un viejo pescador de la zona. Y en efecto, en los mapas del Instituto Geográfico Nacional figura con tan neutro nombre.

Y muy cerca, pero más al norte, se alza otro más, mucho mayor, con 14 metros de altura máxima. Su nombre es Carboeira, frente a una costa que se ha convertido en abrupta. Algunos vecinos que peinan canas y disfrutan de su jubilación aseguran que en otros tiempos habían cogido percebes tanto en una como en otra, «e dos bos».

Pontedeume queda a pocos kilómetros, y frente a él, rumbo a Ares, lo más pegado a la costa posible -o sea, después de pasar Redes y la relativamente larga recta siguiente, desvío a la izquierda- se yergue un islote que es otro castro. Incómodo llegar justo hasta sus inmediaciones, ahora mismo el camino acusa las pasadas lluvias. ¿Cómo tuvieron la idea de levantar en un islote una aldea? No la tuvieron, simplemente. Y es que dos milenios atrás eso no era una isla, sino un promontorio, un pequeño cabo. Su nombre: O Mourón.

Y quedan unas señoras islas. Palabras mayores: As Miranda. Están pasada la punta que protege a Ares de los vientos. As Miranda están ligadas al matrimonio de una sirena con un pescador. Impresionantes desde tierra, lo son aún más para los que en el verano tengan la suerte de acercarse, navegando, hasta ese lugar mitológico del golfo Ártabro.

La aventura

Ir caminando por la costa desde las cercanías de Carboeira al islote de Carbón (abstenerse menores).

La foto más personal

En verano, en O Gavioteiro.

El desafío

Llegar hasta la punta de O Mourón, con el castro ante los ojos ocupando el islote.

El pasado

Se dice que en Carboeira hubo un cementerio.

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