Helga Vázquez: «Recibimos felicitaciones por potenciar la educación sexual integral»
A CORUÑA
La profesora de Infantil del CEIP María Pita coordina un proyecto con perspectiva de género premiado por la Diputación
15 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Visualicen los colores del arco iris, y alguno más. Conviertan cada uno en una oportunidad para que niñas y niños trabajen con ideas como la igualdad o la corresponsabilidad. Esto es Un mar de arco iris, un proyecto del CEIP María Pita, coordinado por la profesora Helga Vázquez Regueira (A Coruña, 1983), que el pasado año recibió el premio Concepción Arenal de la Diputación de A Coruña.
—¿Cómo se aplica este proyecto en el día a día?
—Es un proyecto coeducativo que nace a raíz de otros anteriores, como Tripulando a igualdade, que también fue premiado por la Diputación y por el Ministerio de Educación. Partiendo de los colores, se les presentan a los peques de educación infantil una serie de actividades relacionadas con cada color. Por ejemplo, Planeta violeta el 8M o Sin marrones son actividades de corresponsabilidad. Aparte de empoderar a las niñas, también visibilizan otro tipo de masculinidades para los niños, educación emocional, educación sexual integral. Dentro del tópico coeducativo, no se deja nada en el tintero.
—Repite el término coeducativo, ¿qué es?
—Es educar con perspectiva de género, reflexionando sobre que nuestro comportamiento como adultos no está libre de estereotipos de género, y se los transmitimos a los niños y a las niñas. Presentamos materiales y recursos que rompan un poquito con esa dinámica y que muestren todas las realidades.
—El CEIP María Pita lleva años trabajando con proyectos de este tipo. Con esta experiencia, ¿notan que alumnado, profesores y familias asumen de forma positiva estas iniciativas?
—Hay que tener en cuenta que trabajar en coeducación va un poco de la mano del feminismo, que históricamente se caracteriza por olas. Digamos que hay mareas altas y bajas. En el 2018 fue la cuarta ola, la marea fue alta y hubo una gran financiación a nivel estatal y europeo. Y ahora digamos que ya estamos en una parte un poquito más baja. Sí que es cierto que esa cuarta ola ha dejado mucha huella, y hay prácticas o filosofías que yo sí que observaba antes del año 2015 y que ahora no existen, estamos un paso más allá. ¿Qué sucede? Que ahora la escuela es extremadamente diversa, estamos recibiendo mucho alumnado inmigrante procedente de culturas que a lo mejor estos peldaños que la sociedad española ya ha ascendido, ellos aún no. Notamos grandes diferencias no solamente culturales, sino también en la filosofía de género.
—¿Y cómo se trabaja en estos casos?
—Es diferente, es una realidad nueva. Nosotras continuamos en nuestros trece. También te puedo decir que iniciamos estos proyectos con miedo, pero ahora lo hacemos con muchísima seguridad y hasta recibimos felicitaciones por parte de las familias, tanto por atrevernos con la educación sexual integral como por potenciar la corresponsabilidad en el hogar.
—¿Hablar de los afectos con los niños más pequeños, de educación sexual integral, es más complicado?
—Creo que más bien somos los adultos los que nos ponemos las trabas, nos han educado en la cultura del tabú. Nos creamos una serie de mitos: yo no sé, esto es mejor en las familias... En función de nuestro bagaje, actuamos con mayor o menor valentía. Yo tengo la suerte de trabajar en un colegio muy a favor de la coeducación, quiere ser transgresor e innovador, y hay un apoyo del equipo directivo absoluto. Cuando hay esa filosofía de base, la gente se va uniendo poco a poco, sin forzar.
Uma: Después de décadas pensando en escribir, el año pasado publicó con la editorial Badibidú «Uma, la pirámide emocional», un cuento no solo para niños que relata la historia de una aventurera atrapada en una pirámide. Con la ayuda de los dioses de Egipto, conocerá sus emociones y encontrará la salida.
«Vamos a utilizar la sociedad del futuro para educar a la del presente»
Dice Helga Vázquez que tiene claro que el CEIP María Pita es su sitio. De hecho, estudió en el centro de niña, «y la consellería decidió destinarme ahí», cuenta entre risas.
—A lo largo de todos estos años, una se replantea si realmente es su sitio, su especialidad o si desearía cambiar. Yo estuve muy malita durante la pandemia, necesité retirarme, bajar el nivel de actividad y exigencia. Pedí una comisión de servicios, estuve dos años en otro cole y ahí me di cuenta de que mi sitio era el María Pita, donde realmente era feliz.
—Y aquí sigue, enseñando a los más pequeños que corresponsabilidad no es simplemente decir «mamá hace la cena y papá cuelga la ropa».
—Así es. Yo empecé en esa línea, pero después me di cuenta de que es mejor escuchar y no juzgar, y por tanto vamos a utilizar la sociedad del futuro para que eduque a la del presente. Si yo eduqué a mis padres en cómo reciclar, ¿por qué mis alumnos y alumnas no pueden educar a sus padres en cómo corresponsabilizar? Invité a que cada pequeño, de manera voluntaria, se responsabilizara de una tarea del hogar adaptada a su edad.
—¿Cómo lo han acogido?
—Ha tenido muy buena acogida. El martes recibí un mensaje precioso de una familia, comentando que sus hijos están mucho más voluntariosos, hasta más pendientes de su padre y de su madre para ayudarles, incluso con tareas que antes hacían sus hermanos mayores. Decían: «Mamá, recojo yo el plato que estás cansada del trabajo». Ha sido flipante. El objetivo es que estén muy orgullosos, porque me responsabilizo yo de mi familia, gracias a mí, mi familia funciona mejor. Ese es el fin, funcionar y convivir todos mejor.