Los veterinarios tras cinco meses con la nueva ley de fármacos: «Cada día una mascota corre riesgo de morirse por falta de fármacos»

Bea Abelairas
Bea abelairas FERROL / LA VOZ

OLEIROS

Los veterinarios María Ybarra y Gabriel Teixeiro del Hospital Veterinario Abeiro de A Coruña
Los veterinarios María Ybarra y Gabriel Teixeiro del Hospital Veterinario Abeiro de A Coruña ANGEL MANSO

Los veterinarios hacen un pésimo balance de los primeros meses de la ley

19 may 2025 . Actualizado a las 11:59 h.

Los veterinarios llevan cinco meses con un doble cambio en las normas que regulan el uso de los fármacos y el balance que realizan no puede ser más pésimo. «Cada día una mascota corre el riesgo de morirse por falta de medicamentos», cuenta María Ibarra del Hospital Veterinario Abeiro de A Coruña, donde sufren especialmente porque ellos están especializados en atender urgencias. Perros y gatos que llegan en parada o que sufren un shock en el quirófano lo tienen más complicado que antes de la entrada en vigor de una normativa que no permite a las clínicas tener un botiquín provisto para actuar con rapidez, cuando el animal se debate entre la vida y la muerte. De hecho, los veterinarios de toda la provincia alertan de que hay más riesgos en las emergencias, cuando tienen que estabilizar a un perro atropellado o un gato accidentado.

«Es muy frecuente que llegue un felino que se cayó por la ventana y no podemos tener almacenados los medicamentos para actuar con la rapidez que necesita, si mandamos al dueño a comprarlos cuando llegue ya habrá fallecido», explican desde el centro Abeiro de A Coruña, que atiende estas urgencias las 24 horas que está abierto.

En las operaciones también hay más peligro. El veterinario Gabriel Teixeira pone muchos ejemplos, todos de hace muy pocos días: de una perra de 13 años en la que la intervención salió de maravilla, pero sufrió una crisis y ya no la pudo reanimar. Está convencido de que con el sistema de antes sí que hubiera podido. «Nos tememos una desgracia cada día», cuentan con impotencia.

La situación es tan límite que ni siquiera pueden guardar los botes de medicamento que sobran de otros tratamientos: «Nos obligan a tirarlos, no tiene ningún sentido», denuncia. Tanto en este centro, como en muchos otros declaran que les obligan a trabajar en el borde de la legalidad, a buscar métodos para tener soluciones y salvar a sus pacientes.

En cuanto a los antibióticos aclaran que están comprobando como se está causando el daño que se supone que iba a proteger la ley: «Hemos visto ya varios casos de bacterias multirresistentes, sucede porque los tratamientos que nos obligan a dar no funcionan».

Abandonos ante un panorama que genera complicaciones casi a diario

La normativa, que no respeta la libertad de prescripción de los veterinarios, también ha desmoralizado a muchos profesionales. En unos casos han optado por vender sus consultorios y en otros por cambiar de sector, en especial los especializados en el ganado, donde las muertes cuando los fármacos no funcionan suponen perder una granja entera. «Nosotros no tratamos ejemplares, sino poblaciones, este modelo es inasumible», reiteran.

Solo en A Coruña la lista de animales fallecidos o que sufren una secuela grave es abrumadora: Marta Castelo de la clínica Guayacan de Oleiros apunta que las esperas para realizar los cultivos están causando muchas perforaciones y pérdidas de ojos en los animales, ya que las gotas que les imponen ni son las adecuadas, ni se pueden conseguir de manera sencilla. Olalla de Hoyos, veterinaria de Vets en casa, denuncia que tardaron tres días en suministrarle un diurético inyectable para un caso de edema pulmonar de urgencia.

Otra colega, María Jesús García, lamenta que algunos boticarios intervengan en cuestiones que no dominan y pueden causar daños graves: «Recetamos un antiinflamatorio para gatos y en la farmacia les vendieron uno para perros sin tener en cuenta la diferencia de concentración del producto, que no se puede extrapolar al peso».

Veterinarios de A Coruña, en su puesto de la feria Pata Pata
Veterinarios de A Coruña, en su puesto de la feria Pata Pata EDUARDO PEREZ

Medio año de protestas y de acciones informativas, como el puesto de la feria Pata Pata

Los veterinarios llevan medio año de paros semanales ante sus clínicas, manifestaciones en Santiago y A Coruña, además de mucha labor de información al público sobre las consecuencias del real decreto 666/2023 que entró en vigor el pasado 2 de enero y otras restricciones de la Xunta que les limitan almacenar fármacos esenciales para casos graves.

Hace solo una semana abrieron un puesto en la feria Pata Pata para informar sobre las consecuencias de un nuevo sistema, Presvet, que regula la distribución, prescripción, dispensación y uso de medicamentos veterinarios. En la práctica, según denuncian los profesionales, les «ata de manos» a la hora de prescribir medicamentos y les añade una burocracia «inasumible» en el día a día.

Los veterinarios de animales de producción llevan dos años sufriendo esta ley, pero no ha sido hasta ahora cuando ha afectado a las clínicas y las mascotas. Al igual que el resto de colegas de Galicia, los profesionales de porcinos o de ganado vacuno denuncian que el sistema de comunicación Presvet no solo restringe la prescripción de antibióticos, sino que les aboca a un contexto de inseguridad jurídica.

En la feria que se celebró en A Coruña los veterinarios llevaron un puesto desde el que trataron de informar sobre las consecuencias de una ley que puede hacer que los dueños de mascotas pierdan hasta las ganas de ir a sus consultas. «Vamos a seguir tratando a nuestros pacientes con todos los recursos que tenemos y lucharemos para que sean como antes, sería un error que la gente comenzase a automedicar a las mascotas con tratamientos que les han quedado por casa», alertan sobre una labor de concienciación que en la feria Pata Pata implicó un premio, ya que este puesto regaló palomitas a los asistentes.

En este sentido, Gonzalo Montoto, de Guayacán, cuenta que en una de sus recetas figuraba un envase de 30 comprimidos, pero la farmacia dispensó uno de 100.

En otros casos se han encontrado con «vueltas absurdas para poder recetar fármacos con principios activos no presentes en medicamentos veterinarios disponibles en España, pero que sí hay en los destinados para humanos», según relata Andrea Mosteiro, de la veterinaria Vilaboa, sobre un problema muy común que antes no sufrían.