Así se combate al imperio del jabalí

En Irixoa, uno de los concellos que estrenan la barra libre para la caza del porco bravo, el animal esquivó el cerco establecido por las escopetas y salió vivo del envite


Irixoa

«Día de choiva e vento non veñas ao monte, que perdes o tempo». Son las ocho de la mañana y, aunque no hay mucho viento, sí llueve bastante. Un grupo de cinco cazadores velan armas hasta que se haga de día y la luz les ayude a encontrar el rastro de la presa. Los perros están tranquilos. El tiempo no acompaña, pero hay que intentarlo. Como cada sábado de la temporada, se está armando una batida en los montes de Irixoa (A Coruña) contra un enemigo que nunca se rinde y que cada vez presenta batalla en mayor número: el jabalí.

Hasta más allá del mediodía, la avanzadilla busca la guarida del porco bravo. Nunca es muy fácil, pero con la tierra mojada y bajo la lluvia, la dificultad es aún mayor. Se trata de delimitar un perímetro con entrada y sin salida. Es decir, hallar el rastro de la camada y no encontrar las huellas de salida. Poco a poco, el grupo encuentra lo que busca. No están del todo seguros, pero estiman que un grupo de cuatro individuos, podría estar en una parte del monte. Ese será el objetivo de la tarde, en cuanto se reúna toda la cuadrilla.

A las dos de la tarde, ya están todos. Alrededor del local social de Verís se han ido arremolinando una docena de vehículos de monte, muchos con el remolque en el que esperan los perros. Los cazadores, veinte en esta ocasión, se anotan en un libro y se reparten el trabajo. La mayoría va a distribuirse por el perímetro acordado en un monte cercano. El resto, soltará a los perros para sacar al jabalí de sus bañadeiros, los lugares donde se acomodan para pasar el día después de sus noches de trabajo.

«Eu cazo dende cativo. A verdade é que é unha ilusión», dice Adón Faraldo, que ya tiene 74 años. Es la persona con la que compartiré el puesto durante un rato. Porque así es la jornada de caza para la mayor parte de sus participantes. Situado en un puesto concreto esperando que la acción de los perros conduzca al jabalí hasta su área de control. Y si asoma, tiene unos segundos para abatirlo. Normalmente no hay muchas oportunidades de hacerlo así que, cuando se presentan, hay que aprovecharlas.

«A ilusión de calquera cazador é que se lle presente un xabaril de 100 kilos. Abatilo é un trofeo, como para Nadal ganar Wimbledon», comentaba por la mañana Juan Manuel Freire, el presidente del Tecor. Pero por la tarde, compartiendo el puesto con Adón, no parece que vayamos a tener esa oportunidad. No deja de llover y las noticias que llegan por los walkie-talkie tampoco son buenas. Los perros han llegado hasta el perímetro que vigilan los cazadores, pero no ha sonado ningún disparo. «Saíron por unha zona moi pechada», explica uno de ellos, mientras el grueso de la batida se reagrupa de nuevo junto a los coches.

Uno de los miembros del tecor vuelve a dar indicaciones sobre donde colocarse en esta segunda postura. Antes ha sido necesario recoger a los perros, muy nerviosos. De nuevo en el puesto, Adón, explica que ha abatido pocos jabalíes. Alguno sí. Y que la caza pequena (conejo, liebre, perdiz) es más entretenida: «A min me conven porque se anda máis». Además, dice, los que cazan, no los comen: «Case ninguén os quere».

En la batida hay más escopetas que rifles; todos disparan con bala. La presa es voluminosa, pero es más difícil acertar con un solo proyectil. De eso charlamos para aliviar la espera, pero no habrá oportunidad de comprobarlo porque, tras cuatro posturas, la escopeta de Adón, como las del resto, se van a ir hoy de vuelta a casa sin disparar. No siempre gana el cazador. A veces el jabalí se escapa. Tiene sus recursos y, además, siempre juega en casa.

La temporada pasada, este tecor abatió 80 ejemplares, que se dice pronto. Pero esni siquiera llegaron a ponerse a tiro. El jabalí, emperador del monte, hoy se pueden anotar el tanto. La semana que viene, ya veremos.

Los cazadores cuestionan la barra libre para reducir las poblaciones

Hasta febrero, los tecores gallegos de 33 concellos pueden organizar batidas de jabalí sin límite temporal. Donde antes solo se podía cazar el fin de semana, ahora pueden hacerlo prácticamente todos los días, excepto los festivos.

Es una de las medidas adoptadas por la Xunta para intentar revertir la sobrepoblación de jabalíes que provoca permanentes daños en la agricultura. Sin embargo, la iniciativa, que cuenta con la imprescindible colaboración de los cazadores, ha sido puesta en cuestión por este colectivo: «É moi difícil organizar unha batida que non sexa en fin de semana, porque non hai xente», asegura Juan Manuel Freire, presidente del tecor de Irixoa, uno de esos concellos autorizados por el decreto de emerxencia cinexética para ampliar los días susceptibles de celebrar estas cacerías.

La mayoría de las batidas que se están celebrando desde la publicación del decreto ya estaban programadas previamente. «O decreto debería ser máis executivo», opina Freire, ya que en la actualidad, para organizar la cacería debe presentarse una notificación previa diez días antes: «O idóneo sería que, despois de que o xabaril atacara unha finca, poder ir cazalo nese día ou o seguinte, e dar despois o aviso a Xefatura».

Para cuando la batida extraordinaria haya sido autorizada, habrán pasado diez días y, aunque los ejemplares seguirán moviéndose por el territorio, no estarán en la zona donde causaron los daños. Habrán regresado al monte: «E no monte, o xabaril non fai dano», apunta otro cazador.

Señalan los cazadores, muchos de los cuales son también agricultores, que si se trata de combatir los daños que el jabalí provoca en las explotaciones hay que hacerlo a tiempo: «O ealmente eficaz sería actuar no momento que o xabaril ataca, non dez días despois».

Manel, un experto rastreador del jabalí de solo 12 años

J. Casanova

Sin licencia, y, claro, sin armas, pero con permiso familiar y con muchas ganas, así se inicia un chaval en las batidas, siempre con su perro

Manel es un caso atípico. Tiene 12 años, un traje de agua y una gorra naranja que anuncia de lejos su presencia. Muestra el aplomo necesario para no parecer lo que es: un niño rodeado de hombres. A los 12 años no te gusta que piensen que eres un niño, porque vas camino de no serlo. Así que Manel acompaña con leves cabeceos afirmativos el discurso de su padre, presidente del Tecor de Irixoa (A Coruña), que explica los detalles de la cacería. Sobre todo de la primera parte, en la que Manel será protagonista, tirando de su perro en busca del rastro del jabalí: pateando monte, jugando el juego del escondite, localizando a la presa: «Seu avó e seu pai cazan. Mamouno dende pequeno», dice su padre, Juan Manuel Freire. Como si ya fuera grande.

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