Viagra para el Pasatiempo


Es todo un desafío para la medicina la administración de la viagra. Que se lo cuenten a los galenos, que a veces desencadenan terremotos de magnitud 10 en familias desprevenidas. Un paciente suplica al doctor en la consulta que, por sus más tiernos sentimientos, le recete de una vez la pastillita azul. A su espalda, su mujer hace gestos ostensibles con los brazos para que no se la dé bajo ningún concepto. La anécdota es real. La contó esta semana Ernesto Serrallés, médico en Oza dos Ríos durante tres décadas, en una entrevista firmada por Toni Silva.

Mi amigo Marcos, betanceiro él, ejerce algo más lejos, en Madrid. No hace mucho le apareció en el centro de salud un chaval joven con el pelo de punta y más morro que un elefante con flemones. Recién salido del after, también quería la viagra, claro. «Basta con que te apliques el champú que te deja así el cabello», le soltó el facultativo, al que la ocurrencia casi le cuesta la nariz. «¿Sabes cuando llevas tiempo deseando hacer un chiste y se presenta la oportunidad? Pues eso», se justifica Marcos.

En el fondo es una lástima que la viagra no pueda aplicarse al pelo, ni admita usos más complejos... Allí, en el Betanzos de Marcos, a un paso también de la eterna consulta de Ernesto en Oza, el parque del Pasatiempo pide a gritos una pastillita azul para durar más. Esta semana se le cayó un fragmento del mural del estanque, una lepra que, por desgracia, solo se cura con dinero, que siempre llega tarde cuando de cultura se trata.

El Pasatiempo, todo un parque temático del siglo XIX, es una joya única en España por la visión enciclopédica y modernista de su creador, Juan García Naveira. Y como sucedía antaño, cuando la instalación aparecía en las más reputadas guías turísticas, hoy debería ser una referencia en Galicia, como otros monumentos. Su conservación tendría que ser indiscutible, pero, lamentablemente, el parque necesita no ya una pastilla que lo revitalice, sino un trasplante múltiple de órganos.

Pero «no hay viagra que valga para nuestro Pasatiempo», un sitio donde «habrá que pensarse en lo sucesivo lo de llevar a los niños. Imagínate si se les viene encima uno de esos muros», alerta Marcos. Y es una pena, porque es «perfecto para los críos», en una de las zonas de la comarca con una natalidad más pujante. No muy lejos del parque, en Irixoa y Coirós, el mejor estímulo no es una pastilla, sino el dinero. Irixoa entrega a las familias que se animan a elevar la tasa 1.500 euros por retoño, y Coirós llega hasta 2.400 por vástago. Un subidón. Y sin fármacos, porque se ve que en esto de la natalidad lo que de verdad funciona es aquello que decían Les Luthiers: «Hombre prevenido vale por dos, pareja desprevenida vale por tres».

Por alfonso andrade coruñesas

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