Casa Marabina: un cocido a fuego lento entre familia y amigos

Y.G.P.

CULLEREDO

Mailin Romero, cocinera de Casa Marabina, en Ledoño.
Mailin Romero, cocinera de Casa Marabina, en Ledoño. Marcos Míguez

Saber hacer, frescura y paciencia en un clásico de la gastronomía invernal más allá de los carnavales

14 feb 2026 . Actualizado a las 12:40 h.

Pocos platos explican mejor la cultura gastronómica gallega que el cocido. No es solo una receta contundente para el frío: es una forma de reunirse, de cocinar sin prisas y de reivindicar producto y tradición. En el área coruñesa, uno de los que más comentarios despierta cada temporada es el que se sirve en Casa Marabina, en Ledoño (Culleredo), donde la cocinera Mailin Romero ha convertido este clásico en una cita fija del invierno.

La campaña empieza pronto y tiene un final bastante definido. «Siempre la temporada es hasta el fin de semana siguiente al Día del Padre», explica Romero, que arranca los cocidos ya en noviembre. La organización es clave en un plato que exige planificación, compras cuidadosas y muchas horas de fuego lento.

Los fines de semana el servicio funciona únicamente bajo reserva, algo lógico cuando se manejan elaboraciones largas y abundantes. Entre semana, la propuesta se adapta a un formato más cotidiano: «Entre semana lo tenemos los jueves en menú especial cocido», apunta la responsable del local. Esa fórmula permite mantener la esencia del plato sin perder viabilidad en cocina.

El precio también contribuye a su popularidad. El menú semanal ronda los 16,50 euros, mientras que el fin de semana ofrece varias versiones según extras. El más completo es, con diferencia, el favorito. «El que más se vende, sin duda, es el completo, porque por un par de euros la gente lo prefiere con todo», comenta.

El perfil del público confirma que el cocido sigue siendo una experiencia colectiva. Predominan familias y grupos de amigos a partir de los treinta años, muchos de ellos conscientes de lo laborioso que resulta prepararlo en casa. Además, el local facilita el plan familiar: los menores de ocho años no pagan, un detalle que anima a compartir mesa sin complicaciones.

Sobre la receta, Romero insiste en dos ideas clave: tiempo y materia prima. «Mi secreto es mucho tiempo, paciencia y darle mucho tiempo a las cocciones». Cada carne tiene su momento y su duración; no hay atajos si se busca sabor profundo y textura correcta.

La base del cocido es principalmente de cerdo: cachola ahumada, panceta, costilla, lacón y chorizo. La ternera o el pollo pueden añadirse a petición, aunque reconoce que «hay muy pocas personas realmente que te pidan ternera». La tradición, aquí, sigue marcando el gusto.

También las verduras cuentan. El cocido habitual se sirve con grelos recién cortados: «Tienen que ser súper frescos para que sean jugosos y tiernos; si se dejan un par de días ya se vuelven duros». Aun así, quien prefiere repollo lo tiene sin problema, una flexibilidad que refuerza el carácter cercano del establecimiento.

La secuencia clásica se respeta: primero la sopa, después las carnes con patatas, garbanzos y verduras. Un orden que en Galicia forma parte del ritual tanto como la sobremesa posterior.

En tiempos de cocina rápida y modas pasajeras, propuestas así recuerdan que la tradición sigue viva cuando se cuida el producto, se respeta el tiempo y se cocina pensando en compartir. Porque, en Galicia, el cocido no solo alimenta: reúne.