A CORUÑA

Dependerá del cuidado que tengamos todos y cada uno, y del ojo clínico y la dedicación de la primera barrera de contención: los equipos de atención primaria. En esta nueva fase de la lucha contra el coronavirus, los centros de salud cobran aún mayor relevancia de la que ya tenían para intentar que el covid-19, con la desescalada, no reaparezca.

En estos dos meses, los profesionales de la salud más próximos a la población ya han visto muy de cerca cómo se cuela esta enfermedad, que ha mantenido aislados en sus casas a muchos de los pacientes que permanecían (cerca de 500 todavía lo están) bajo la vigilancia sanitaria de los médicos de familia.

«Vivimos la situación con gran incertidumbre y gran sentido de la responsabilidad», explica María Jesús Rodríguez Abellón, jefa de Atención Primaria en Culleredo, uno de los servicios de mayor actividad de la comarca, ya que incluye los centros de Acea de Ama, O Portádego y Tarrío.

Con «gran esfuerzo» del personal, insiste, se fueron adaptando a las necesidades de protección y atención que planteaba un virus desconocido. Desde un principio, se reorganizaron los flujos asistenciales y se establecieron en los centros circuitos separados para pacientes con síntomas respiratorios, porque se trataba de detectar cuanto antes todas las sospechas. Por eso se derivó toda la asistencia posible «a consultas telefónicas, se trataba de que no tuvieran que venir para no exponerlos tampoco a un riesgo innecesario», explica.

Mucho de todo eso se quedará al menos a medio plazo en los centros, como los filtros para identificar antes de llegar al mostrador a cualquier posible caso, y por supuesto las medidas de higiene; la mascarilla y el lavado de manos a la entrada mismo.

«Me siento muy orgullosa de mi gente porque, a pesar de la incertidumbre, trabajamos como un equipo, con un objetivo común, con un esfuerzo continuado en formarnos, ni una queja, todos a lo mismo y con una aportación continua de ideas», explica la responsable del grupo profesional.

Además de sentir el agradecimiento a los sanitarios, han visto también las dificultades del aislamiento del enfermo en su casa, con su familia. «Está siendo muy complicado, pero es la única manera de no propagar más la pandemia, de no contagiar», indica sobre lo constatado en el seguimiento diario, vía telefónica, a los muchísimos positivos confinados en sus domicilios.

«Tenemos que aprender a convivir con esto», valora Rodríguez Abellón, quien cree que «muchos de los cambios asistenciales van a quedarse durante un tiempo». Obviamente, citas administrativas, como la activación de la medicación a través de la receta electrónica, ya no tiene sentido que se resuelvan presencialmente.

La nueva forma de atender a los enfermos obligará también a reorganizar las agendas de los profesionales y «no va a poder haber personas sentadas en las salas de espera», recalca, de modo que cada sanitario deberá reorganizar sus tiempos y citas para que el enfermo acceda al centro justo cuando le va a tocar. «No va a ser posible que el paciente llegue una hora antes, y pasa habitualmente. Yo no le voy a atender con una hora de antelación. A lo mejor en ese filtro de entrada vamos a tener que decirle que se vaya dar un paseo hasta que llegue su hora», ejemplifica.

Lo ocurrido y la reducción drásticas de las urgencias y la afluencia a los ambulatorios han dejado también otras enseñanzas. «Todo esto nos debe hacer pensar a los profesionales y a los pacientes: a veces, para un proceso no es necesario ir tres o cuatro veces a la consulta si no hay un agravamiento: se puede llamar por teléfono», explica.

La potenciación de la teleasistencia y las nuevas tecnologías serán herramientas cuyo uso se ampliará casi en todos los campos. «Hay enfermos que no tenemos que ver físicamente», indica la doctora, y pone como ejemplo el seguimiento de casos que precisan atención psicológica. «Yo tengo que verlo a él y él tiene que verme a mí, porque el contacto visual es muy importante, pero es posible que en algunos casos se pueda hacer a través de la cámara del ordenador», señala.

Además de aplicar todo cuanto método ahorre riesgos de exposición, tienen claro también que «hay que esforzarse mucho en las consultas resolutivas, hacer lo más posible en un solo acto para que el enfermo no tenga que venir más veces» y añade además que «vamos a tener que ser muy proactivos en el seguimiento de crónicos».

El covid, parece evidente, cambiará la atención médica tradicional por otra que combine las consultas cara a cara, con otras vías móviles y telemáticas.

Tras esas cristaleras del hospital

Rosa Domínguez

Nada es lo de siempre desde el covid

Una sombra con cama, una amplia cristalera de hospital y el fondo del cielo azul. La imagen de Ángel Manso lo dice todo en estos tiempos que nos han dejado sin palabras.

Empuja una cama y con ella casi el peso del mundo conocido y confinado. Porque nada más cabe ahora en cada rincón y momento. Hasta en la charla rápida del ascensor para casi la única salida inevitable al contenedor de la basura. Pulsando con la manga para no tocar una tecla manoseada, el botón del pánico está en nuestro índice mientras, tras esas cristaleras del Chuac, alguien pelea por no seguir descendiendo, un viaje de vuelta y una oportunidad más para volver a sacar la basura.

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Con ellos se evitará otra curva