La finca sirve de campo de batalla para los aficionados al Airsoft
19 sep 2011 . Actualizado a las 12:00 h.Son los otros okupas del Polvorín, en Culleredo. En el mismo lugar que los jóvenes, y no tan jóvenes, montan fiestas hasta ya bien entrado el día siguiente, otros disfrutan de una de sus grandes pasiones: jugar al Airsoft. Es un juego japonés de los años 70 que consiste en disparar bolas biodegradables con réplicas de armas para abatir al adversario. Esta especie de paintball, sin pintura, congrega frecuentemente a decenas de personas de entre 18 y 50 años en el municipio cullerdense. Sin embargo, estos usuarios de la finca sí cuentan con el beneplácito del gobierno municipal para disputar estas partidas donde lo más importante es «la honorabilidad». Caracterizados de militares, y precavidos de todas las medidas de seguridad oportunas, se esconden entre la vegetación y las ruinas del Polvorín para «matar» al equipo contrario y encontrar el objetivo.
Establecen contacto a través de la red, por eso casi no se conocen cuando acudan a la cita. La mayoría de edad es el único requisito para acceder al grupo, que cuenta con padres e hijos, hasta militares o personal de la Armada. Hace casi una década que practican este juego, y de momento no ha habido ningún herido por impacto de bolas. Esto se debe a que ellos mismo tienen muy claro que es un deporte muy «noble» en el que hay que confiar en el otro para conseguir el otro objetivo: pasarlo bien y desestresarse.
Pero a menudo estos jóvenes tienen que hacer algo más jugar. Limpiar la suciedad que dejan los que acuden a las raves que se organizan en la finca. «Por seguridad nos toca limpiar todo, porque está lleno de cristales y si no vamos a tener un día un disgusto», comenta David P.
Sin ir más lejos hace tres semanas habían organizado una partida que no pudieron llevar a cabo. «Estaba lleno de gente que iba más que borracha. Además, estaban con los coches. En fin, un peligro», comenta. A raíz de este incidente, según cuenta el organizador, Juan Enrique Porta, limpiaron cada esquina de la finca. Poco duró. La suciedad regresó al campo de batalla.
Por su parte, el Concello lamenta las mentiras vertidas por APdeC acerca de las fiestas ilegales que denunció el gobierno local en San Cosme y en el antiguo Polvorín de A Zapateira. Señalan que el Ayuntamiento nunca negó información alguna sobre el asunto a los concejales de esta formación política dado que nunca la requirieron. El gobierno local apunta que la prueba de que a APdeC no se interesó nunca por saber nada de este asunto se encuentra en las actas de los plenos.