Desindustrialización y centros comerciales en una ciudad vulnerable

El desmantelamiento paulatino del tejido productivo agudiza la debilidad de la urbe coruñesa


a coruña / la voz

La Artística, Wonenburger, Mafriesa, Cros, Pebsa, Fábrica de Tabacos, Emesa, Arteixo Telecom, Compañía Frigorífica, La Toja, Bunge, Emesa Trefilería, Valiña, Caramelo, ahora Alcoa y, colgando de un hilo, la fábrica de armas. El modelo de ciudad de servicios patrocinado por la política de centros comerciales se ha consumado treinta años después. La desindustrialización ha reducido al 13,1 % las afiliaciones a la Seguridad Social en las fábricas (16,7 % en Vigo y 14,5 % en Galicia) y ha llevado a la población a una situación de vulnerabilidad frente a la crisis que un equipo de la USC ha estudiado y descrito en un artículo publicado en junio en Urban Science.

Dirigido por la geógrafa María José Piñeira Mantiñán, el trabajo toma los casos de A Coruña y Vigo para analizar la vulnerabilidad de las ciudades españolas de tamaño medio en el período postcrisis 2009-2016, y constata que el impacto ha sido muy superior aquí -aparecen zonas urbanas con «alta» o «muy alta» vulnerabilidad-, a causa de la debilidad del entramado empresarial, cautivo de Repsol e Inditex.

Frente al «tejido industrial consolidado» de Vigo, A Coruña «basa su economía en pequeñas empresas y un sector de servicios centrado en el comercio y el turismo, ramas de actividad en las que los contratos son más inestables y peores las condiciones de trabajo y los salarios», sostienen los autores, que aluden a los «12 centros comerciales» de la ciudad, «solo superada por Barcelona y Madrid en superficie terrestre» dedicada a estos espacios. El fenómeno, continúan, ha llevado al cierre de pequeñas empresas «tanto en el centro urbano como en áreas que tradicionalmente se habían destacado por su dinamismo comercial».

Antes de que se inaugurara el C.C. Cuatro Caminos ya pasaban cosas. «Do fordismo, de cando se facía todo na fábrica, o coche enteiro, o chasis, as rodas e os asentos, pasamos ao taylorismo, que era outra forma de organización e división do traballo que trouxo as subcontratas, as compañías auxiliares e ese tecido que medra arredor da fábrica principal, e se ela pecha vai detrás», explica Demetrio Vázquez, dirigente veterano de CC. OO. La ciudad era rica en ese caldo primordial cuando empezaron a vislumbrarse las amenazas derivadas del tratado de adhesión a la Unión Europea.

Las cuotas de pesca, los barcos gallegos con bandera extranjera descargando en puertos ingleses, la transformación industrial y energética, las reconversiones, la competencia de los astilleros y siderúrgicas de países como la India que acabaron haciéndose con el mercado, las deslocalizaciones en el Este espoleadas por la mano de obra barata y los beneficios fiscales, «a globalización fixo moito», resume el sindicalista.

Y actuó la política local. «Os polígonos industriais medraron anarquicamente, competindo entre eles, por iniciativa privada. Fiouse todo aos servizos e ás finanzas, e xa vemos. Periféricos, mal comunicados, tres aeroportos sen especializar», relata Vázquez entre alusiones a las privatizaciones y el último fallo del Supremo sobre las hipotecas.

«Faltou planificación e hoxe son as finanzas quen dirixen. Mentres a política non tome a dirección dos procesos e asuma que se goberna para as persoas, seguiremos igual», desliza. Los profesores de la USC también lanzan llamadas: «Los resultados obtenidos indican que es urgente intervenir en los centros históricos (...) y en los barrios de la clase trabajadora y las afueras, donde el descontento social está aumentando».

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