La paradoja del veto con voto


El año que comenzó con Xulio Ferreiro sometido a la cuestión de confianza que perdió por los votos del PP y el PSOE -aunque a la postre no tuvo efecto político alguno- termina con un peculiar conflicto del gobierno local con los okupas de la Comandancia de Obras. El año en el que se superó el ecuador del mandato termina con la aprobación inicial -gracias otra vez a la muleta del PSOE- de unas cuentas para el 2018 con poca ambición inversora y el lastre de una pobre ejecución presupuestaria. Son los mimbres que tejen un endeble y exiguo cesto en el que cabe la gestión del gobierno en minoría.

Poco brillo en el balance propio, y nulo resultado en lo que se podría haber obtenido de una eficaz relación con las otras administraciones. Vigo estrena el nuevo puente de Rande y Santiago las conexiones desde la AP-9, pero el proyecto de Fomento para Alfonso Molina sigue en la fase de estudio de las alegaciones de la Marea. El alcalde de Santiago se entiende con la conselleira de Infraestruturas y desbloquea el proyecto de la estación intermodal, mientras la de A Coruña continúa a la espera de los cambios que pide el Ayuntamiento. Tampoco se avanzó en los planes para el mercado y centro de salud de Santa Lucía. Y a última hora se sabe que peligra la inversión de Fomento en la Comandancia porque está okupada, con el consentimiento de la Marea, por un grupo que ahora aparece como el más feroz crítico del gobierno local.

Y si no el que más, casi a la altura del PSOE, que en el pleno de los presupuestos del viernes volvió a dar muestras de padecer una delicada esquizofrenia política. El discurso más duro contra el proyecto de las cuentas que llevó Ferreiro al pleno salió de la boca del portavoz socialista, que, sin embargo, volvió a poner sus votos al servicio de la Marea. Por responsabilidad y para evitar la parálisis de la ciudad, argumentó el portavoz socialista en su intento de justificar su papel. Votó sí al instrumento económico con el que se supone que la Marea va a seguir ejecutando un proyecto político que el líder del grupo socialista censuró y descuartizó sin piedad en su intervención.

Arranca el último año completo antes de las próximas elecciones municipales con la sensación de que Xulio Ferreiro, después de haber pasado por el trago de perder una cuestión de confianza, renueva el crédito que los socialistas le dieron, sin poner condiciones, en junio del 2015. Lo hacen también ahora proclamando que no hay más margen de confianza. Pero lo cierto es que, en los dos años de mandato, el por momentos maltrecho gobierno local ha contado en última instancia con la muleta socialista. Es la paradoja del aparente veto con voto.

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