Gracias de todo corazón

Rodri García A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

CESAR QUIAN

Emotivo reencuentro de un bañista rescatado tras un infarto y los socorristas

27 sep 2014 . Actualizado a las 10:12 h.

El agradecimiento es agua, lágrimas que le anegan los ojos. Le tiembla la barbilla como si quisiera contener la avalancha de emociones. Las palabras parecen torpes y se esconden. ¿Qué le dices a quienes han peleado durante una hora con tu corazón y tus pulmones para que no se paren y con ello te han salvado la vida?. José Manuel Martínez Martínez, nacido hace 71 años en A Coruña, va abrazando uno a uno a los socorristas de la playa de Riazor. Allí están Ángel García, Yago López y Ricardo Moscoso a los que, asegura, les debe la vida. Desde la orilla del mar José Manuel empieza a recibir saludos, a gritos: «¡Bienvenido, José!». Los bañistas se van avisando de la visita. Uno a uno se acercan, todavía empapados del baño habitual que no perdonan casi ningún día del año. Más abrazos y una opinión común: «Esto fue un milagro». Una de las mujeres le anuncia: «Allí viene otro loco del grupo». Es un colectivo que acude todo el año, verano e invierno, a darse un baño en Riazor. «¡Fotos no! ¡Que estamos en bikini!», pide, coqueta, una de las mujeres.

Con pasos calculados, José Manuel baja a la arena y los socorristas le acercan una silla. Ahí está, sentado frente al mar, casi en el mismo lugar del que había salido en ambulancia el pasado 5 de agosto. «Estaba nadando y me dio un mareo». Es todo lo que recuerda de aquella soleada mañana con cientos de personas en la playa. Los socorristas lo sacaron a la orilla. A los pocos minutos estaba tumbado una camilla, al borde del mar, con una bombona de oxígeno al lado. La policía local hacía un leve cordón para facilitar la recuperación cardiopulmonar que llevaban a cabo los sanitarios. Al cabo de casi una hora, recibiendo suero y oxígeno, llevaron a José Manuel hasta una ambulancia que lo trasladó al hospital. Los bañistas empezaron a aplaudir a los socorristas por lo que acababan de hacer.

Después de casi un mes en el hospital, José Manuel tiene claro que les debe la vida y por eso fue a verlos. No se cansaba de mirarlos. Lleva «unos 14 años» yendo a bañarse todos los días a Riazor y nunca le había pasado nada. «Gracias a esta gente...», insistía. Tras la emoción, empezaron las bromas de sus amigos de baño: «Está claro que o de arriba non te quería aínda...». Siguieron las risas, las felicitaciones, también de dos responsables del Ayuntamiento. Y de pronto aparecieron unas empanadas, queso, cervezas... «Ahora no puedo», declinaba José Manuel. Carlos García Touriñán, director de Seguridad Ciudadana, no salía de su asombro: «En 30 años no he visto cosa igual».

En plena fiesta, los bañistas aprovecharon para pedir a los responsables municipales: «Necesitamos una caseta para cambiarnos en invierno». Alguna lo pidió cantando: «¡Si no hay caseta, no hay votos!». Y José Manuel seguía agradeciendo, con lágrimas... y empanada.

«Estaba nadando y me dio un mareo», es todo lo que recuerda de lo ocurrido