HERCULÍNEAS | O |

14 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

LOS FOLLETOS de comida preparada, la letra pequeña de los bancos, el «feliz cumpleaños en compañía de los suyos» con membrete del centro comercial... Dice mi vecina del quinto izquierda (barrio de Los Rosales) que su buzón ya no tiene sentimientos; sólo precios abusivos. En lugar de un beso muy fuerte, un abrazo manuscrito, un poema dedicado, o el relato de un viaje por el Nilo, el buzón se le llena de alitas de pollo asado por seis euros y una pelota playera de regalo. Yo le dije que la esperanza es como los michelines: lo último que se pierde; ella respondió que, si esto sigue así, explota y deja el hall perdido. Entonces, decidí mostrarle la última carta de mi ex novia, que trabaja seleccionando personal para una multinacional: «Mantendré tu currículum en mi archivo durante cierto período de tiempo, por si mis necesidades obligasen a la incorporación de una persona de tus características». «Si quieres -le dije a mi vecina- intercambiamos las llaves de los buzones». De pronto, echó a correr escaleras abajo. El del cuarto D, que es un cotilla, la ha visto últimamente comer alitas de pollo asado escondida en el rellano del tercero. Y yo que le avisé de que los michelines, como la esperanza, es lo último que se pierde. laureano.lopez@lavoz.es