JUAN CAPEÁNS MI CALLE
12 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Es mi calle, pero no es mi calle. Si se dicta una orden de detención contra mí es más fácil que la policía me encuentre allí y no en casa. Y si esta noche hay un terremoto a la hora de cenar apareceré entre los escombros del Coruña o en el Orella, dos bares que compiten por hacer los bocadillos más ricos de Santiago. O tapeando de local en local, en zig zag. Una taza en el Orense, unos tigres. Zorza en O Noso, tortilla en el Central. Llegamos al Sant Yago. El grifo de Mahou tiembla. Menú del día. Empiezan los problemas de conciencia. Una más, una cañita más... La culpa siempre es de los amigos, por ser tan buena gente. Y caes en el Platerías, un local en el que todavía se puede escuchar a Golpes Bajos, The Smiths y La negra flor de Radio Futura por veinte duros. Tan poco dinero y tan buenos recuerdos... Llega el momento de poner la espalda contra la pared. El camión de la basura fagocita las sobras del marisco y ajusta fino. Va rozándose con los letreros, dando las campanadas. Son las doce, la hora del Uno. Allí espera la música, con mayúsculas. Es el antiguo Juventud. Cuántos compostelanos se enamoraron al son de sus pipas. Pero eso lo contaré otro día. El Uno, Antonio y la praza de Fonseca se merecen una columna aparte. redac.santiago@lavoz.com