Ahora que Martín ya no está con nosotros...

Casos como el de Noel, el niño de Betanzos que lucha contra un tumor cerebral, impulsan la solidaridad más desinteresada y emotiva

Noel niño de Betanzos enfermo de cáncer
Noel niño de Betanzos enfermo de cáncer

A Coruña / La Voz

Ahora que Martín ya no está con nosotros, no importa demasiado contar una historia que se remonta a hace casi cuatro décadas y que aconteció a unos diez mil kilómetros de Coruña en un lugar llamado Acassuso. En el cole, los chavales, de apenas 12 años, se metían con él porque era tímido, porque apenas levantaba un metro del suelo y por su costumbre, en el comedor, de guardar parte del almuerzo en una bolsa. Todos creíamos que en su casa pasaban apuros y que simplemente reservaba algo que llevarse a la boca durante la cena.

Un día, su padre, que era un hombre inteligente, nos invitó a varios chavales a merendar con ellos. Subimos al coche, pero de camino se desvió y anunció que pararía un momento «en una villa miseria», un poblado de chabolas con caminos de barro y residentes pobres de solemnidad. Nos recibió una mujer grande, Solange, con los brazos abiertos y varios pequeños desarrapados aferrados a sus piernas. Martín abrió el maletero y sacó orgulloso la bolsita que contenía parte de su almuerzo, y otros alimentos que había llevado su familia. Y mientras aquellos niños devoraban, Solange abrazó a Martín y le dijo: «Cuando sonríes, podemos ver el sol». Recuerdo que a su padre le pregunté quién era aquella gente, y este, que ya digo que era un hombre inteligente, respondió que esa no era la pregunta correcta.

En aquel poblado salieron a la luz dos de los pilares que cimentan la solidaridad. El primero, el desinterés, porque la solidaridad se practica sin pedir nada a cambio. Y el segundo, su poder de convicción, su capacidad de arrastre: al día siguiente, con el comedor envuelto en un respetuoso silencio, había sobre la mesa cuatro bolsas de comida al lado de la de Martín. Dos días después, ocho.

Me volví a acordar de él al leer los emotivos reportajes de mis compañeros Toni Silva y Ángel Manso sobre Noel, el niño de Betanzos que lucha contra un tumor cerebral, y la campaña de la fundación Cris contra el Cáncer para recaudar fondos para una nueva terapia que cure a Noel y a otros niños. También en este caso la solidaridad es capaz de hacer que un crío de 10 años vacíe su hucha para regalar 20 euros a otro sin pedir nada a cambio, «una donación pequeñita, pero hecha con el corazón». Y solo la rueda que esa solidaridad pone en marcha permite que la recaudación avance hacia la barrera de los 100.000 euros en tiempo récord y sin más combustible que la bonhomía. «Solo deseo que el peque pueda salir adelante y ser feliz recordando el cáncer como un mal sueño», sentencia otro donante.

Martín se fue porque le faltó suerte con su enfermedad, o tal vez investigación. No sé. Su sonrisa ya no luce, pero en aquella villa de Acassuso sigue brillando el sol.

La última oportunidad de Noel

Toni Silva

La curación de su segundo tumor cerebral pasa por un ensayo clínico para el que su familia recauda dinero

Noel, un niño de Betanzos, tiene los ojos marrones. Cuesta comprobarlo porque sus párpados son como persianas a medio bajar. Al sur lindan con unas ojeras impropias de sus once años. Al norte, con unas cejas poco pobladas. Pero detrás de esos ojos marrones, justo después de los globos oculares, se esconde el grave problema de Noel. Se llama meduloblastoma, un tumor que medía un centímetro cuando fue descubierto y que hoy ya se ha triplicado. Los mejores cirujanos de España han intentado buscar un camino para eliminarlo, para biopsiarlo incluso. Pero sin éxito.

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