Dos bergondeses participaron en la mayor fuga de una cárcel de Europa

BERGONDO

El investigador Fermín Ezkieta, que escribió un libro sobre la fuga del fuerte de Ezkaba, y Aurora Paz, de la CRMH de A Coruña, en un momento de la conferencia en A Senra.
El investigador Fermín Ezkieta, que escribió un libro sobre la fuga del fuerte de Ezkaba, y Aurora Paz, de la CRMH de A Coruña, en un momento de la conferencia en A Senra. C.B.

Investigadores buscan a familiares para poder identificar los cuerpos hallados en fosas en los años ochenta

27 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Bergondo recuperó, gracias a la conferencia del investigador Fermín Ezkieta y de Aurora Paz, de la CRMH, la historia de dos bergondeses que participaron en la mayor fuga de una cárcel en Europa: la protagonizada por 795 presos el 22 de mayo de 1938 en Pamplona. Esta epopeya, con un final dramático para la mayoría, se saldó con solo tres republicanos logrando alcanzar la frontera, la muerte de 206 de los huidos, entre ellos el carpintero de 22 años Gerardo Gómez Lorenzo y el serrador de 19 Andrés Pardo Argüeso o Agüero, 14 ejecuciones en agosto del 38 y numerosos apresados.

A Senra fue el espacio escogido por el Concello para dar a conocer la evasión del fuerte de San Cristóbal —también conocido como fuerte de Ezkaba—, que funcionó como prisión entre 1934 y 1945, y en la que llegaron a estar 600 gallegos recluidos. Era una de las cárceles más duras durante el período franquista y de allí se escaparon casi 200 gallegos en una huida espectacular, en la que los cabecillas utilizaron el esperanto para evitar que su plan se frustrase antes de tiempo.

Ese 22 de mayo del 38, un grupo atacó a los funcionarios durante la cena. «Lo último que imaginaban era que, en una guarnición tan avanzada y en plena guerra, alguien pudiera plantear un plan de evasión», comentó Ezkieta. Relató que en poco tiempo se hicieron con el penal y 68 fusiles. Abrieron las puertas para los 2.487 presos que albergaba este presidio y transmitieron el mensaje, acuciados por el tiempo —al saber que algún carcelero había huido y daría la voz de alarma—, de que había que huir «en grupos hacia la frontera». Pusieron la meta de la libertad a 50 kilómetros, en territorio galo.

«Prefiero morir de un tiro en el monte antes que de hambre en la cárcel», es una frase que Ezkieta atribuye a uno de los fugados, Rogelio Diz, que expresa la valentía de unos hombres que, según el investigador, estaban «muy mal calzados, muy desnutridos —los mataron de hambre, literal— y desorientados». Esa fue la causa por la que muchos no se sumaron a la gran evasión.

Solo los castellanoleoneses Jovino Fernández, José Marinero y Valentín Lorenzo alcanzaron la meta tras caminar de noche entre 10 y 13 jornadas. Llegaron a regresar a la Cataluña republicana, antes de replegarse tras la derrota, ser confinados en un campo galo y vivir el resto de su vida en el exilio: uno en México y dos en Francia.

Cotejo de ADN

Ezkieta, que publicó el libro Los fugados del fuerte de Ezkaba y que este miércoles en A Coruña expuso en Portas Ártabras los casos de otros tres coruñeses fugados (Alfonso Valeiro Caramés, Pacífico Campa Santos y José Caamaño Lema), explica que realiza este tipo de charlas para localizar a familiares. Pretende, a base de visibilizar esta historia, «agitar el árbol para que caigan las nueces» y así buscar ADN con el que comparar el de los 55 cuerpos de fugados localizados en 15 fosas en los años 80. Fue un trabajo llevado a cabo por el Gobierno de Navarra y la Sociedad de Ciencias Aranzadi, pero hasta el momento solo han podido identificar a ocho. «Hay 150 que aún no se han recuperado», recuerda.

Este investigador admite que no pueden asegurar que los cuerpos de los bergondeses estén entre esos 55, aunque hay indicios de que podrían ser dos jóvenes identificados por testimonios vecinales como gallegos, ya que hay otros dos presos de Teis, de edad parecida, que también podrían coincidir. El Ayuntamiento de Esteribar colocó un monolito conmemorativo en la fosa donde hallaron estos cuerpos con la frase «Non enterraron cadáveres, enterraron sementes», de Castelao.