Es muy importante que nadie confunda esta nueva palabra con pitita, que es otra clase más señorial, de cardado y percha fina, en peligro de extinción
12 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Hay que ir con los tiempos y adaptarse, pero a veces el lenguaje nos delata e inevitablemente acabamos metidos en el cajón de los abuelos. Recuerdo precisamente cómo el mío usaba con precisión milimétrica el verbo telefonear cuando a ninguno de sus nietos se nos pasaba por la cabeza. Nadie ahora telefonea ni mucho menos se le ocurre decir eso de «telefonéame después y hablamos». Pero hubo un tiempo en que esa expresión formó parte de nuestro idioma común, incluso en el código coloquial.
La generación que en los noventa se sentía joven porque decía guay o mola ya es la que hace casi las cuentas para la jubilación y suena lejana para esos hijos que padrean entre sus colegas con las fórmulas viejunas de sus puriles. De los jóvenes hay muchas expresiones jugosas, de esas que enseguida calan para dejarte empapada de frescura. Y no me refiero a lo obvio. Obvio que para los críos de hoy todo es obvio, obviamente... Pero si miramos más acá que allá hay una palabra que está al alza en esa jerga influencer que moldea tanto la calle: pitukita. No es exclusiva de Coruña, aunque aquí ha encontrado buen acomodo entre los chavales, incorporándole, cómo no, esa k koruñesa que todo lo convierte en masa madre. En esa esencia con pedigrí que tanto gusta en esta ciudad. Las pitukitas no son las chorbas ni las jas del koruño clásico, sino que pertenecen a otra categoría menos choni y más apijada para denominar a las chicas que más o menos están cortadas por el mismo patrón estilístico. Es muy importante que nadie confunda esta nueva palabra con pitita, que es otra clase más señorial, de cardado y percha fina, en peligro de extinción. Las pitukitas coruñesas son jóvenes, tienen melena y probablemente lleven cruzado un bolso falso de Zadid &Voltaire. Tú eres su madre.