Heinz Ferlesch, director de orquesta: «Cada época escucha la música de Mozart de manera distinta»
A CORUÑA
Bajo su batuta, la agrupación Barucco y el coro Barucco Vokal ofrecen este domingo el recital «Réquiem de Mozart: Hacia el paraíso»
21 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El maestro Heinz Ferlesch lidera a la orquesta de instrumentos originales Barucco y al Barucco Vokal Consort en Al paraíso. En el programa (que se escuchará este domingo a las 19.30 horas en el Palacio de la Ópera dentro de su gira española), el Réquiem de Mozart convive con música sacra que va del canto gregoriano al siglo XX.
—¿Cómo se relacionan las obras?
—El programa traza un arco espiritual de más de mil años de historia de la música. Comienza con el canto gregoriano Da pacem Domine y se extiende a través de Pärt y Nystedt, pasando por Bach, hasta llegar a Mozart. Las obras giran en torno a temas existenciales: paz, consuelo, fugacidad, esperanza. Entre el coral medieval y la versión que Pärt compuso sobre el mismo texto median más de mil años; sin embargo, respiran una misma actitud espiritual. La adaptación que Nystedt realizó de Komm, süßer Tod, de Bach, abre un espacio entre tiempo y eternidad, antes de que el Réquiem de Mozart retome esa idea de modo dramático pero consolador. El vínculo no reside solo en el contexto litúrgico, sino también en la búsqueda de trascendencia. Cada época encuentra su propio lenguaje, pero la búsqueda siempre permanece.
—¿Qué proponen al público?
—Un viaje de lo exterior a lo interior, de la sencilla súplica por la paz a una confrontación existencial con la muerte y la esperanza. Comienza con gran austeridad sonora. Luego, la música se va densificando, y el Réquiem aborda emociones humanas: miedo, conmoción, lamento; pero también consuelo y confianza. Si el público vive momentos de recogimiento, el programa cumplirá su propósito.
—Trabaja con instrumentos originales y criterios historicistas.
—Para mí, el historicismo no es un fin en sí mismo, sino un medio para la autenticidad. Ayuda a comprender mejor las concepciones sonoras de la época de Mozart. La transparencia, la articulación, la retórica y la relación entre palabra y música son centrales. En el Réquiem es fundamental que las líneas contrapuntísticas sean audibles y que los contrastes dramáticos no queden velados por una densidad sonora romántica. Usar instrumentos de época y técnicas acordes aporta claridad a la música, acercándonos a su energía original.
—¿Cómo convive el historicismo con enfoques más románticos del pasado, del estilo de Böhm o Bernstein?
—Hoy nos encontramos en una situación privilegiada: podemos nutrirnos de tradiciones diversas.
Directores como Böhm o Bernstein marcaron a generaciones enteras y establecieron referentes emocionales y musicales. El historicismo no cuestiona esa tradición, sino que la complementa. Amplía la perspectiva en tempo, articulación y el equilibrio. No es algo excluyente, sino que da mayor conciencia del estilo y el contexto. Cada época escucha a Mozart de manera distinta: ahí reside su grandeza intemporal.
—El «Réquiem» quedó inacabado. ¿Qué opción toma usted?
—Escojo el final de Süssmayr, consolidado como el más difundido hasta hoy. Forma parte de la historia de la obra y de la memoria colectiva. Hay otras alternativas musicológicamente interesantes que intentan acercarse a los esbozos de Mozart e introducir correcciones estilísticas. Enfoques valiosos que enriquecen el debate; pero lo esencial es la coherencia artística y el final de Süssmayr es muy sólido.
—¿Qué desafíos enfrenta?
—Con el coro trabajo tanto técnica como contenido. Me centro en el texto y la respiración. En el Réquiem, el coro asume el peso dramático y las secciones íntimas piden delicadeza. Es fundamental entender la dimensión espiritual del texto. Si palabra y sonido se funden, surge una intensidad que conmueve al público. En lo coral, lo difícil es la precisión rítmica y la afinación, especialmente en pasajes fugados. En la orquesta, el reto es el estilo: buscar articulación y transparencia. El desafío es armar un todo orgánico. El Réquiem se apoya en la interacción entre fuerza coral y riqueza cromática de la orquesta. Lograr equilibrio entre ambas es lo más exigente.
—¿Qué persigue su versión?
—Equilibrar drama y espiritualidad, combinando transparencia de estructura y profundidad emocional, sin efectismos. Persigo la autenticidad. No hay que añadir nada, sino mostrar lo que contiene la música.