Javier Fernández Mariño, director de Noite Bohemia: «Los jóvenes adoran la épica del teatro clásico, no lo que les hacen leer ahora»
A CORUÑA
Publica un libro sobre los 18 años de historia de la premiada compañía que dirige
16 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Javier Fernández Mariño ( A Coruña, 1979) dirige desde sus orígenes un milagro llamado Noite Bohemia, una compañía de teatro que comenzó siendo un humilde experimento escolar gestado en el instituto de Zalaeta para convertirse en uno de los grupos más laureados de España, como demuestra, el Premio Nacional de Teatro Grecolatino que ganaron el pasado año. Y todo desde la afición. Echándole trabajo y pasión. Nada más (y nada menos). La compañía cumple la mayoría de edad y su director resume su historia en un libro publicado por KRK Ediciones.
—Usted asistió al parto de Noite Bohemia.
—Tenía 28 años y llevaba desde pequeño metido en el teatro. Pero la idea partió de cinco chicas que le propusieron al instituto crear un aula de teatro. Nadie se hacía cargo de la idea y la madre de una de esas niñas era amiga de la mía, que me dijo que tenía que ayudarles. Y cualquiera le dice que no a una madre.
—¿Cómo fueron los inicios?
—Lo primero que propuse fue una obra moderna, Los putativos, una comedia de enredo de un autor argentino, Hugo Daniel Marcos. Pero al profesorado no le pareció educativa. Me enfadé y lancé el reto: «¿Queréis teatro puro? ¡Pues tomad tragedia griega!». Y arrancamos con Antígona de Sófocles.
—¿Funcionó el teatro clásico con los jóvenes?
—¿Cómo no iba a funcionar? Los jóvenes, como cualquiera, adoran la épica, los héroes, los grandes dilemas morales... Lo que no les gusta es lo que les hacen leer ahora, esas historias hechas específicamente para ellos que no son más que una tutoría.
—¿Qué tal les fue en su año de estreno?
—Muy bien, para ser debutantes. Quedamos terceros en el festival de la Diputación y no teníamos ni cinco meses de ensayos. Actuamos en el Teatro Principal de Santiago. Fue la primera vez que estos chavales de instituto veían un camerino. Se creían estrellas. ¡Si supieran que iban a terminar pisando teatros como el de Mérida!
—¿Se planteaban entonces llegar tan lejos?
—Hubo una conversación al final de ese primer curso de la que salió un pacto que es la razón por la que Noite Bohemia se mantiene. Me preguntaron qué había que hacer para actuar en un gran teatro, para que fuese público a verles. Y se lo dije sin tapujos: ser profesionales. Convertirnos en una compañía de verdad. Pero eso suponía que se acababa el teatro como paraescolar: a partir de ahora el teatro sería su vida. Les prometí la inmortalidad, que actuarían en los grandes teatros de España ante 3.000 personas, y a cambio me dieron un compromiso total. Se acabó salir los viernes por la tarde y el sábado nada de venir cansado o de resaca, que hay ensayo. Como un deportista de élite. Aceptaron el reto y cumplieron.
—¿Cuándo vieron que la cosa iba en serio?
—El plan del segundo año era montar Bodas de sangre, y ahí estalló todo. La SGAE nos prohibió estrenarla. Los derechos los tenía el Centro Dramático Nacional, que nos los cedió sin problema. Pero la SGAE nos exigía el pago de autores. Salió en la prensa y se montó un revuelo brutal. La gente no entendía que unos jóvenes no pudiesen interpretar precisamente a Lorca, quien con La Barraca llevó el teatro de pueblo en pueblo. Y ese siempre fue nuestro espíritu, ser La Barraca del siglo XXI. Terminé hablando con el sobrino de Lorca, que muy amablemente renunció a los derechos de autor.
—Han ganado el Premio Nacional de Teatro Clásico varias veces.
—La primera vez fue en nuestro tercer año, con Electra. Ahí ya se nos empezaron a abrir los grandes teatros, las giras... Fue en Segóbriga. Había una compañía que era imbatible, Selene, que la dirigía el catedrático José Luis Navarro. Ganaban siempre, habían representado en Grecia, hacían giras nacionales... Pero al dar los premios el jurado dijo aquello de «Ha llegado el momento en el que Sófocles vence a Esquilo», es decir, había una renovación, y nos dieron el primer premio. Fue como el Centenariazo.
—¿Y el peor momento de estos 18 años?
—La pandemia. De hecho fuimos la primera compañía que salió a actuar. Lo hicimos en la playa de San Amaro y hasta salimos en la prensa británica como ejemplo de la desescalada en España.
«Hay niños de 4 años preparándose para ser actores, tener una cantera así es un lujazo»
A sus 18 años, Noite Bohemia goza de una salud inmejorable, ya independizada del ambiente escolar: «Somos unas 125 personas. Hay gente preparándose para ser actor profesional desde los cuatro años. Tener una cantera así es un lujazo, porque cuando ves en el escenario a unos jóvenes de 16 años igual llevan diez años de teatro encima. Algunos con cincuenta funciones al año. Y todo el mundo actúa, aquí no hay banquillo, juegan todos. Cuanta más gente tenemos, más proyectos hacemos», explica el director.
—Buen ejemplo de juventud.
—A mi no me hables de generación de cristal o de que la juventud no tiene inquietud. Tengo actrices que te recitan de memoria El perro del hortelano, La casa de Bernarda Alba y Medea y que no han cumplido los 18. Y ya no es una cuestión de nivel artístico, es el compañerismo, la capacidad de trabajo, el esfuerzo, el compromiso... Eso es lo que enseñamos en Noite Bohemia.
—¿Cómo se les presenta el 2026?
—Queremos montar un Don Juan con música en directo con la Banda Municipal y el coro Cantábile. Puede ser algo espectacular. También quería hacer una antología de la Zarzuela y programar algo en los meses de verano en los teatros de la ciudad, que están vacíos. Además, tenemos en mente crear unos premios de teatro amateur que lleven el nombre de Manuel Lourenzo. Y esto aparte de nuestras actuaciones de verano y el festival de la playa de San Amaro. A ver si sale todo.
—Pasan medio año de gira, pero se vuelcan con A Coruña.
—Somos una compañía coruñesa y aquí el público ha respondido siempre. En esta ciudad hay algo especial, se vuelca. Nos pasa igual que con el Dépor: siempre está la gente apoyando.