Susana Crespo: «Tenemos 500 alumnos de teatro y en algunos grupos, un año de espera»
A CORUÑA
La compañía El Ruiseñor de Culleredo celebró esta semana su vigésimo aniversario
10 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Susana Crespo (Londres, 1969) fundó hace dos decenios El Ruiseñor, junto a Fernando Moares. Esta compañía y escuela de artes escénicas, cuyo nombre es un homenaje a la película dirigida por Robert Mulligan y protagonizada por Gregory Peck, se ha convertido en el germen de cientos de vocaciones por la dramaturgia desde las instalaciones del jardín Botánico de O Burgo, donde tienen su sede. Apasionada del teatro clásico, además de su papel como profesora, Crespo asume la dirección y la parte creativa, mientras su compañero se ocupa de la parte técnica y el montaje. «Somos escuela amateur, pero nos movemos como profesional», recalca.
—Han llegado a los dos decenios.
—Siempre dijimos que nacimos el 7 de enero, pero hace un par de años miramos y fue el 8. Hasta jugábamos a la lotería el siete pensando que era ese día. ¡Por eso no tocó!
—¿Cómo lo celebrarán?
—No con un gran espectáculo de cuatro horas como hicimos en el décimo aniversario, sino todo el año, recuperando obras que hemos representado y con un espectáculo a final de curso.
—¿Cuándo comenzó con el teatro?
—En Londres, donde viví hasta los 17, hasta que mis padres decidieron regresar a Galicia. Al llegar, estudié mi otra pasión, que es el diseño de moda. Monté un negocio de moda infantil en Culleredo. Hacía pasarela, y fue cuando volví a reconectar con el teatro, porque la pasarela es como un escenario.
—¿Cómo creó la escuela?
—Como tenía muchos chicos en las pasarelas les propuse hacer una obra de teatro. Les dije que quería hacer algo grande, porque el vestuario lo podía hacer yo en el taller. Puse un anuncio en La Voz de Galicia para pedir chicos para un musical y se presentaron entre 110 y 120. Cogí a unos 80 y montamos un homenaje a Broadway con 12 piezas de distintos musicales.
—¿Cómo resultó?
—La obra fue un éxito. No sabía qué hacer, porque fue mucho trabajo, pero los chicos me animaban a hacer otra y decidí que íbamos a continuar. Al principio la escuela no había nacido, era solo la compañía y montar obras. Con la segunda ya pensé que yo no había aprendido así. A mí me impartieron técnica teatral, y entramos en el terreno de la formación. Fue con la segunda obra cuando realmente nació la escuela.
—¿Cómo evolucionó?
—Cuando empecé a trabajar en el teatro, era como un amante. Era como si le estuviese siendo infiel a la primera pasión que tenía. Llegó un momento en que dije que no podía con las dos. Cada vez El Ruiseñor exigía más. Yo le quería dedicar más tiempo y poder coger más gente. Fue cuando dejé el comercio en el 2012, cuando cumplía 10 años. De tener 100 alumnos pasamos a 500 y 7 profesores. Nunca me arrepentí, porque ahí realmente fue cuando explotó la escuela.
—¿Cuál es el perfil del alumno?
—Aceptamos desde los cuatro años y no hay límite de edad. Trabajamos el año escolar y tenemos 32 grupos repartidos entre clases de teatro musical, clásico, canto, danza, improvisación, teatro físico… Los grupos más grandes son los de entre 18 y 35 años. Últimamente hay muchísimo adulto, me refiero a partir de los 40. Tenemos lista de espera; hay gente que llevaba un año esperando. Entrar es complicado. En muchas escuelas la gente está entre uno y tres años para aprender, pero nosotros tenemos gente que lleva con nosotros desde el principio. No se mueve como una escuela, sino ya como una familia. Hacemos muchos espectáculos, pero también viajamos juntos de vacaciones. El año pasado fuimos a Sicilia y Nápoles, el anterior a Croacia. De aquí salieron parejas. Mis hijos conocieron a sus parejas en el teatro.
—Pese a esos números, no se ve esa afición luego en los teatros.
—Nosotros somos muchos, y la gente de la compañía atrae mucho público, pero no vivimos del teatro. Esto es una escuela. Es diferente que seas una compañía que dependa exclusivamente del teatro. Yo me crie en Inglaterra, donde hay teatros en cada esquina; hay tantos como bares aquí. Es la cuna del teatro. Eso sí lo echo de menos; aquí no hay esa cultura tan arraigada, pero sí cada vez más curiosidad.
—¿Qué es lo que atrae?
—Cómo te forma a ti como persona. El fin del teatro es estar en un escenario, pero es también todo lo que aporta mentalmente y socialmente como persona, el conocimiento de ti mismo. Es mucha psicología. Se enseña a compartir, a hablar en público, a creer en ti mismo, a trabajar en equipo, compartir y, al saltar de personaje a personaje, te permite caminar en diferentes zapatos, conocer diferentes perspectivas y vidas. De El Ruiseñor salieron muchos actores profesionales.