Raphael Escobar: «Quiero formar una coral con lo que silba y tararea la gente al trabajar»
A CORUÑA
El creador brasileño busca candidatos para este singular proyecto musical
17 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Bajo el nombre de la Coral de Sonidos, el artista Raphael Escobar (Sao Paulo, 1987) se ha propuesto recuperar la música que producen los trabajadores en su día a día, esos silbidos y tarareos que acompañan su labor cotidiana. Desde el agudo trino con deje de pasodoble procedente de un andamio al ritmo labial oclusivo que sale de la cabina de un vehículo de reparto. Esa sinfonía urbana será ordenada y coordinada por este creador brasileño, ganador de la quinta edición del programa de residencias artísticas que organiza el Centro de Arte Fundación María José Jove con la Universidade da Coruña y el Espacio de Intervención Cultural Normal. Pero para llevarlo a cabo y presentarlo a modo de concierto el 18 de diciembre en el Conservatorio, esta coral necesita integrantes. Los interesados pueden enviar una mensaje a trabajadorescoral@gmail.com.
—¿De dónde le vino el interés por esas músicas?
—Es algo muy común en Brasil. Tras llegar el fin de la esclavitud, los esclavos continuaron trabajando y la música continuó estando presente. Música que servía para marcar los tempos de trabajo, de cada martillazo, de cada golpe de azada. Eso fue evolucionando y me llevó a pensar cuáles son las músicas de trabajo de hoy en día. Recordé que mi abuela, que fue limpiadora y empleada doméstica durante muchos años y después costurera, siempre tarareaba al trabajar. Esos tarareos o los silbidos son muy comunes en ciertas profesiones, es la música de trabajo actual.
—Así que se propuso juntar esos tarareos y silbidos para formar un grupo músico-laboral y presentarlo con todos los honores.
—Me dio la idea el propio ambiente musical de A Coruña. Me pasaron el programa de la Orquesta Sinfónica de Galicia, tengo al Conservatorio aquí al lado, justo detrás de la Normal, donde trabajo y donde serán los ensayos... De ahí salió esta convocatoria para formar una coral con lo que tararea y silba la gente al trabajar.
—No se trata de encontrar grandes intérpretes del silbido.
—En absoluto, no estoy buscando nuevos talentos musicales. Si aparecen grandes músicos, fantástico, pero no es mi propósito. Lo que quiero son personas normales.
—Una coral no profesional pero sí remunerada.
—Es algo fundamental. Yo, como artista, cobro por mi trabajo. Así que pensé en la manera de otorgarles a esos trabajadores que colaboren en la coral una beca artística. Pueden no ser artistas, pero están haciendo un trabajo artístico y merecen ser remunerados. Así que el dinero que tengo para hacer la producción de mi trabajo lo dedico a pagar a los miembros de la coral. Hice números y puedo pagar 200 euros a 10 intérpretes. Es un coro pequeño, pero bien pagado [ríe].
—¿Qué tipo de trabajos deben desempeñar los candidatos?
—El punto de partida fue pensar en trabajos físicos, pero me escribió una chica que trabaja en oficina y que pasa mucho tiempo yendo de un centro de trabajo a otro, y dice que no para de silbar en ese trayecto. Me gustaría que apareciesen profesiones invisibilizadas.
—Hay muchos cantos de trabajo que han pervivido. Desde el blues hasta las tarantas del flamenco o los cantos mineros y, por supuesto, los cantos de arada que acompañaban a las faenas del campo en Galicia. Pero en este caso está buscando música urbana, no rural.
—Es una manera de actualizarlo. De todos modos, no soy yo quien debe decidir qué es y qué no es música de trabajo. Tendremos que hablar de esto en la convocatoria, cuando me reúna con los integrantes de la coral. Qué creen ellos que son músicas buenas para trabajar, cuáles utilizan, cuándo lo hacen, cuáles les gustan... Será un proceso de descubrimiento.
—Sobre todo porque a este lado del Atlántico puede encontrarse con músicas totalmente diferentes de lo que conoce.
—Exacto. Estoy escuchando ahora a un artista que se llama Melendi, no sé si lo conoces.
—Es muy conocido, ha llenado el Coliseum en varias ocasiones.
—Pues yo no lo conocía de nada. Pero resulta que de las personas que se han puesto en contacto conmigo para formar parte de la coral, dos mencionan a este cantante. Así que me dije que tenía que escucharlo, y en ello estoy.
«Me gustan los retos colaborativos, el material de mis trabajos artísticos son las personas»
Raphael Escobar ha mezclado su vocación artística con la social a lo largo de toda su carrera: «Trabajé durante 12 años como trabajador social en Cracolandia, un espacio de Sao Paulo con cerca de 1.200 consumidores de crack. Intentamos sacar a la gente de la droga a través de la música, de la samba. Creamos el grupo de Pagode na lata que actualmente es un muy respetado y conocido en Brasil. No fue fácil, pero ahora los miembros viven de su trabajo, de la música que hacen», explica.
—Sus proyectos artísticos siempre tienen que ver con colectividades.
—Así es. Me gustan los retos colaborativos. Creo mucho en la colectividad a la hora de crear, de sacar adelante proyectos. El material para mis trabajos artísticos son las personas. No son cuadros, son cosas que pasan, que te influyen y te mueven como persona.
—Harán la presentación de la coral en el Conservatorio. ¿Cómo cree que será el resultado final?
—Eso es muy importante. Subir a un espacio consagrado, como es el escenario del Conservatorio, a estas personas que no son artistas. Y no sé cómo va a salir. Vamos a intentar dividir el grupo en percusiones, la base que será un tarareo y la melodía que marcarían los silbidos. Pero lo que saldrá de ahí solo lo sabremos cuando lo presentemos.
—¿Terminará habiendo un disco de esta Coral de Sonidos?
—Hay algo en la presentación en vivo, la confraternización y la comunión de esa presencia física, que el disco no aporta. Así que para mí lo primordial, en lo que estoy pensando y que es el centro del proyecto, es la presentación en el Conservatorio. Pero eso no quita que vaya grabando cosas, así que con el tiempo podría salir algo.