El uso de móviles en los espectáculos de A Coruña evidencia un problema que se cronifica: «Somos incapaces de estar dos horas sin pantallas»

A CORUÑA

Andrea Pietra y Ricardo Darín, representando la obra «Escenas de la vida conyugal» en el teatro Colón de A Coruña
Andrea Pietra y Ricardo Darín, representando la obra «Escenas de la vida conyugal» en el teatro Colón de A Coruña Eduardo Pérez

Tanto los actores como parte del público de la obra «Escenas de la vida conyugal» lamentaron las interrupciones provocadas por los teléfonos. Expertos del sector avisan de que se trata de un «problema social» al alza

04 nov 2025 . Actualizado a las 09:37 h.

Los tentáculos de la adicción al móvil son largos y se mueven con soltura en terrenos que podrían parecer inocuos. Evidencia que la sociedad tiene una relación tóxica con el teléfono el hecho de que, según los últimos informes, los españoles pasamos casi seis horas mirando su pantalla; que nos acostemos consultando el correo electrónico o una receta de TikTok y, también, que seamos incapaces de desconectar en el cine o en el teatro. Ocurrió las cuatro veces que Ricardo Darín y Andrea Pietra se subieron al escenario del teatro Colón para protagonizar Escenas de la vida conyugalLa obra, que agotó entradas nada más salir a la venta, desató una euforia colectiva que resulta llamativa a toro pasado, sobre todo tras descubrirse que algunos prefirieron centrar su atención en el teléfono. 

El actor argentino tuvo que parar en alguna de las funciones porque la luz de las pantallas de los teléfonos le desconcentró. Su compañera de reparto en una obra que pide a gritos meterse hasta el tuétano de la historia, lamentó esta situación en el programa Voces de A Coruña, de Radio Voz. De hecho, aprovechó su intervención para pedir, por favor, que los asistentes a estos eventos culturales apaguen el teléfono móvil. La actriz insistió en lo mucho que «desconcentra la iluminación de la sala por culpa de los móviles en los momentos dramáticos». Y lanzó una reflexión: «¿Qué tienen que ver tan importante que los saque de la historia que están viendo? Tenemos una dependencia preocupante».

Opinan igual que la intérprete Ramón Barros, gerente de Cávea Producciones, y Paulo Rodríguez, director del teatro Rosalía. En el sector preocupa y mucho este fenómeno al alza, tanto que Rodríguez habla de «problema social». «Non somos capaces de estar dúas horas concentrados nunha actividade comunitaria, tes á xente consultando wasaps ou facendo vídeos, aínda que avisamos de que non se pode ter o móbil encendido antes de que comece a función». En el teatro Rosalía cuentan con un anuncio antes de que comiencen los espectáculos a través del cual se avisa de que los móviles deben estar apagados. Incluso así, ocurren incidencias. «Pasa a diario e vai a máis. É unha falta de respecto tanto para os espectadores como para os actores, que teñen que ter todos os sentidos na obra e un ruido pódelles provocar un branco», explica Rodríguez.

Barros, por su parte, invita a hacer un análisis colectivo. «Hace años, todo el mundo tenía claro que a un teatro no se podía entrar con una cámara de fotos, y de hecho, podíamos retirarlas. Ahora esto con los móviles es imposible y tenemos un problema realmente grave, tanto de educación como de dependencia de la tecnología». «Hay espectáculos más íntimos, como los que traemos de Sara Baras o hace poco el de Carminho en los que el uso de los teléfonos genera muchísima molestia. La gente se cree que solo perjudica el ruido, pero la luz también afecta negativamente al resto del público y a los artistas».

Por otro lado, el gerente de Cávea va un paso más allá y cree que ahora somos más intolerantes que tiempo atrás. «Hay gente que se molesta cuando le dices que no grabe en un concierto de este tipo, en un teatro, cuando antes sería algo de sentido común. Además, es que muchas veces estos vídeos no tienen ningún objetivo, se quedan el teléfono y ya está. Hemos ido para atrás». 

Aunque muchas veces se señala a la generación Z como los únicos que tienen dependencia del móvil, lo cierto es que los consultados creen que se trata de un problema intergeneracional. «No son los jóvenes los que hacen esto, que también, estas conductas incívicas se dan en gente de todas las edades, el problema es que tomar medidas más restrictivas al respecto es muy complicado», comenta Barros, para añadir el director del Rosalía: «Lamentablemente, esta situación no se va a solucionar ahora ni en cinco meses, por eso es necesario que la gente tome conciencia».