«Escenas de un matrimonio conyugal» puso en pie al teatro Colón en su primera noche coruñesa
30 oct 2025 . Actualizado a las 13:56 h.Vamos a ir al grano que tenemos poco tiempo. En Escenas de la vida conyugal, el amor pendula entre la gripe y el cáncer. A veces parece que los dolores levantados son pasajeros. Que las pobres marionetas actorales de esta obra superdotada por fin van a tener un respiro y que con dos ibuprofenos y un poco de cama se va a pasar todo. Y entonces ¡PAM!, le salen a la vida tentáculos y cuernos. Darín y Pietra lidian toros bergmanianos con el ánimo canalla de los buenos argentinos. Se lanzan a dibujar una Escandinavia platense que asusta y enerva intencionadamente. Pero que también conmueve. Porque conmovido (y aun la palabreja se queda corta) estaba este miércoles el laguito de butacas del Teatro Colón de A Coruña. Lo extraordinario de haber visto dos vidas vestirse y desnudarse hasta el hueso y el alma en el rigor siempre honesto del directo. Eso decían los vítores que desterraron el asombro del pero. El redescubrimiento de la Argentina desde la intimidad del colchón hizo temblar las tablas. Como temblaba uno de frío, con las luces apagadas y los focos encendidos, preguntándose al ritmo del libreto ¿Es la vida tan terrible? ¿Es la vida tan terriblemente preciosa?
La estructura ayuda. Pequeñas pildoritas de apenas diez minutos donde los sentimientos altos y bajos llegan y matan. Y un final bajo la luna que deja abierta una pequeña ventana por donde corre el aire viciado. Al final, y a pesar de todo, la luna sale llena con puntualidad de reloj suizo o sueco. Y telón. Y Darín y Pietra de repente reyes también de A Coruña.
Quedan aún tres sesiones. Como corderos en la cola del matadero esperan unos pocos cientos más para sentir lo mismo. Para sorprenderse carcajeando ante el desparpajo del truhan Darín incluso en los pozos más embarrados. Peina canas este hombre y peina expansivamente todo lo que está a su alrededor. Campanella nos lo había hecho intuir, pero nada como ver el asunto con los ojos propios para entender. La cosa (esta cosa es acaso el mundo entero) va escalando mientras se hunden los recuerdos, los suspiros que una vez hubo. Lo que pudo ser perfecto. Y sin embargo no lo fue. Sin embargo fue un imperfecto amor seudoconyugal.