Celia Torre, de la Fundación Amador de Castro: «Ruta es un programa de vida que les da alas para lo que viene después»

Antía Díaz Leal
Antía Díaz Leal A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

MARCOS MÍGUEZ

El curso, de dos años, se dirige a jóvenes con discapacidad intelectual

21 sep 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace apenas una semana que echó a andar el programa formativo Ruta, que ha puesto en marcha la Fundación Amador de Castro. Y el nombre resume muy bien el objetivo: ayudar a chicos y chicas con discapacidad intelectual a encontrar su camino una vez que terminan la etapa escolar. Al frente del área de discapacidad de la fundación se encuentra Celia Torre Basanta (A Coruña, 1985)

—¿Cómo surge la idea del programa Ruta?

—Cuando se creó la Fundación Amador de Castro tenían muy claro que querían trabajar en dos áreas: discapacidad intelectual y alzhéimer. En la parte de discapacidad, nos posicionamos en qué era lo que más surgía a nivel de demanda de las familias. Y hay una pregunta que resuena mucho en nuestras cabezas cuando se agota la etapa escolar: ¿Y ahora qué? Y la propuesta fue montar un programa de vida que les dé alas para lo que viene después, y que cuando acaben digan «vaya experiencia de dos años, puedo decidir con muchísima más seguridad lo que quiero y lo que no». Que no sean autodirigidos, los protagonistas son ellos y eso no lo podemos obviar.

—¿Y cómo son los alumnos de esta primera promoción?

—Son ocho chicas y chicos con discapacidad intelectual que han agotado su etapa escolar o su formación reglada, porque tenemos un par de alumnos que viene de FP básico y de otros programas. Accedieron a nosotros para complementar lo que habían estudiado previamente. El programa tiene diferentes módulos, pero se enfoca mucho en el área de la autonomía. Autonomía, participación social, habilidades comunicativas, sociales... Mi compañero Pablo Gómez, que es el coordinador del proyecto, y yo incidimos en que se habla mucho de la transición a la vida adulta, obviando un poco la transición a la juventud, que es en la que están ahora y que es muy importante.

—Solo llevan una semana de clase, ¿qué se han encontrado?

—Sobre todo, muchísimas ganas. Y eso nos ha ayudado muchísimo en lo profesional. Vienen con ganas de ser muy autónomos, lo tienen muy claro. Nosotros les decimos, tanto a ellos como a las familias, que poco a poco, porque salen de un entorno muy protegido, en el caso del sistema educativo. Poco a poco vamos a conseguir todas estas metas, y la autonomía es una clarísima para ellos. Sobre todo nos ha sorprendido las ganas y la sed de aprender y evolucionar.

—En el caso de los adolescentes con discapacidad, ¿es como si olvidáramos esa etapa de pensar qué van a hacer con su futuro, qué quieren ser?

—Sí, sí, pasan de ser niños y ya tienen que ser adultos. Pero necesitan ese espacio, ese tiempo. El programa dura dos años, y quiere responder un poco a ¿qué es lo que quiero, qué es lo que no, qué habilidades tengo que reforzar, qué necesito? Por ejemplo, tenemos un módulo de economía, para el manejo del dinero. Cómo salir a comprar, pedir el tique... cosas que muchas veces se dan por supuestas. Mucha parte emocional, de afectividad, sexualidad, que son muy necesarias para ahora mismo. El sistema educativo tiene su currículo y lo que intentamos es reforzar algunas áreas que necesitan un poco más de trabajo.

—Si en estas edades siempre tratamos de dirigirlos con nuestra mejor intención, ¿en la discapacidad la preocupación es mayor y por eso es importante que logren más autonomía e integración?

—Si nosotros salimos verdes haciendo bachillerato, imagínate ellos que salen del colegio. Muchas familias nos dicen que acaban la ESO agotadas, que solo quieren aire y que nosotros somos ese aire.

«Sentirse escuchados es fundamental para los adolescentes»

Maestra, pedagoga terapéutica y máster en necesidades educativas, Celia Torre estudió en la Universidade de Santiago y comenzó a trabajar en el área de la discapacidad intelectual, primero, y de las altas capacidades, después, antes de incorporarse a la Fundación Amador de Castro

—Cuando se presentó el proyecto de la Fundación, hace un año, me ofrecieron llevar el área de discapacidad. Y contratamos a mi compañero, Pablo, y juntos hicimos el engranaje de este programa. Tenemos muchas ganas de crecer, de ofrecer cosas a la ciudad y a los chicos y chicas. Es curioso, porque los dos nos conocimos trabajando en discapacidad hace unos 15 años, nos perdimos la pista y nos reencontramos en este proyecto, los dos con la misma ilusión.

—¿Ha cambiado en este tiempo la atención a la discapacidad en la educación?

—Se les escucha más, se les pone más en el centro. Hay mucho camino que andar, sí que es cierto que en la ESO se descuelgan mucho porque el currículo es exigente aunque haya adaptaciones. Hay que trabajar en este sentido. Pero creo que tanto en los centros como las familias y la sociedad se les tiene más en cuenta.

—¿Lo perciben también cuando proponen actividades a otras entidades de la ciudad?

—Sí, sí. Yo creo que hay muchas ganas de incluirnos. Y es real, se les incluye, se cuenta con ellos, se nos escucha también a los profesionales que decimos que queremos participar.

—¿En qué otros proyectos trabajan?

—La fundación tiene ganas de crecer y estamos pensando en lo siguiente, sin perder de vista que ahora este programa es muy importante y debemos cumplir las expectativas que los alumnos han puesto en nosotros.