«Una buena organización, si no se nota, es que va perfecta», la misión de la asistente de dirección de la ópera Carmen

Pablo Portabales / Silvia Penelas A CORUÑA

A CORUÑA

Lucía Fernández Astigarraga habla de su trabajo en la pieza que se representará este fin de semana en el Palacio de la Ópera

03 sep 2025 . Actualizado a las 11:43 h.

Una asistente de dirección de escena es una pieza clave en la ópera, y Lucía Fernández Astigarraga tiene un papel fundamental en el montaje de la ópera Carmen, dirigida por Calixto Bieito. En una entrevista en Voces de A Coruña, de Radio Voz, Lucía compartió detalles sobre su trabajo, su experiencia y cómo se prepara el espectáculo que se presenta este fin de semana en el Palacio de la Ópera de A Coruña.

Un trabajo de hace 150 años

La entrevista comenzó con una curiosa reflexión: ¿existiría el trabajo de asistente de dirección hace 150 años? Lucía cree que sí, aunque probablemente «no con ese nombre». Considera que siempre ha habido alguien detrás del telón, coordinando y asegurándose de que todo funcione. La obra, que ha agotado casi todas las entradas para sus funciones, es un montaje de primer nivel que se «podría ver en cualquier teatro europeo». La pasión que transmite esta versión de Carmen es algo que Lucía destaca. Para lograrlo, hay un gran despliegue en escena: 80 personas, incluyendo «coro, solistas y figurantes», que tienen sus propias tareas.

La voz de la calma

Preguntada sobre su papel detrás del escenario, Lucía confesó que su objetivo es «transmitirles a ellos tranquilidad». Evita gritar de manera negativa; «si grito es porque no me oyen», aclaró. Sin embargo, no oculta una «chispa» de emoción, especialmente en los últimos días, para que nadie se relaje.

Lucía mencionó que esta es la tercera vez que trabaja en esta producción de Carmen. Destacó que, a diferencia del cine, la ópera «nunca es igual una a otra». Cada función es única, y el rendimiento de los cantantes y el equipo puede variar. Como ella dice, a veces los cantantes no se sienten tan bien, pero su labor es «vivir cada función con la emoción de que vaya para arriba, vamos».

Adaptarse al escenario y al momento

El proceso de montar una ópera es complejo y exige adaptación. Lucía ha trabajado con esta producción en diferentes escenarios, como un teatro al aire libre en Budapest, donde la «función empezaba y todavía había luz del día». En A Coruña, en el Palacio de la Ópera, ha tenido que adaptar el montaje al espacio semicircular del patio de butacas.

Cuando la obra se estrena, el trabajo no termina. Sin embargo, no suelen haber reuniones de corrección a menos que ocurra algo «muy grave». Lucía prefiere no dar «notas» (correcciones) a los cantantes después de la función para no generar una «sensación de que le han corregido». Va apuntando todo durante los ensayos y las intervenciones, y «a veces intervengo cuando aporta algo a intervenir en el momento».

El equipo es como una gran familia, con sus propios momentos y problemas. Lucía, con más de 20 años de experiencia, sabe que los solistas, a medida que se acerca el estreno, pueden «sentir que están acatarrados a veces sin estarlo», debido al miedo y los nervios. «Es muy normal, muy habitual en solistas», afirmó.

La carrera de Lucía comenzó hace más de 10 años, trabajando con Calixto Bieito. «Empecé a trabajar con él hace 10 años como asistente», primero en Bilbao y luego «en Berlín, en Hamburgo, bueno, en muchas ciudades, principalmente Alemania, Austria, Suiza». Con el tiempo, ha comenzado a hacer sus propias producciones, pero sigue colaborando en las reposiciones de Bieito, como es el caso de Carmen.

El éxito invisible

Al final de la entrevista, se concluyó con una idea muy acertada: «Si no se nota es que todo va muy bien». Su presencia es imperceptible cuando la organización es perfecta, y esa es la señal de que su labor ha sido un éxito. «Así debe ser», zanjó Lucía.