La dueña de una librería en A Coruña ve cómo revienta el suelo del local cuando estaba dentro: «Fue como una traca de petardos»
A CORUÑA
El asentamiento del edificio hace saltar las baldosas en Marineda, situada en la ronda de Outeiro, y obliga a su dueña a afrontar una reforma sin cobertura del seguro
13 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.María Elena López es la propietaria de la librería Marineda, situada en el número 68 de la ronda de Outeiro, a la altura del parque de Oza y frente al colegio San Francisco Xabier. Hace unos días se llevó el susto de su vida cuando las baldosas del suelo comenzaron a estallar y a levantarse de forma repentina. Explica que se debió a un movimiento relacionado con el asentamiento del edificio y, ahora, va a tener que hacer unas obras con las que no contaba y a vaciar un establecimiento con miles y miles de artículos.
Recuerda que todo ocurrió un día de semana sobre las 14.20 horas. «Me acuerdo muy bien porque ese día quería irme pronto ya que tenía cita en el dentista y no quería llegar tarde. Así que fui a por mi bolso y de repente empecé a escuchar unos ruidos». Relata que, en un primer momento, vio cómo se movía una caja que estaba próxima y que dos losetas hicieron un ruido y se quedaron «como formando un tejadillo».
Después, comenzó lo más sorprendente: «El resto de las baldosas comenzaron también a levantarse como en un efecto dominó, causando un ruido similar al de una traca de petardos. Después, todo paró. Y al momento reventaron algunas más por la parte de atrás de la librería».
Elena confiesa que se llevó «un buen susto» porque «la imagen y el ruido fueron tremendos». Enseguida la librería se llenó de un polvillo fino en suspensión. Más calmada comenzó a comprobar los daños. Por suerte, fueron pocos ya que la fotocopiadora tan solo quedó un poco ladeada y todas las estanterías se quedaron en su sitio. «No se cayó nada», explica con alivio.
Retirar todo el material
Sin embargo, el incidente para ella no se quedó en una simple anécdota ya que tendrá que embarcarse en una reforma. «Mi idea inicial era reponer las baldosas que quedaron enteras, pero después de consultar a varios técnicos me lo desaconsejaron, porque volverían a levantarse o quedarían sueltas». Así que la solución será retirar todo el material que tiene en el local, alisar el cemento y poner nuevas baldosas en toda la superficie.
Explica que lo hará en el mes de julio, durante las tardes, porque durante ese mes solo trabaja por las mañanas. «Habrá que retirar todos los muebles y guardar el material en cajas. Será un trabajo inmenso y me ayudará mi hermano. Mi intención es no tener que cerrar y poder atender igualmente al público, sobre todo para la venta de prensa diaria y la entrega de paquetería. Tengo pensado abrir y atender desde el almacén, donde hay una puerta secundaria». Calcula que durante el mes de junio podrá ir metiendo todo, poco a poco, en cajas para guardarlas en un bajo del que dispone mientras duren las obras.
El seguro se desentiende
Elena asegura que este imprevisto no lo cubre el seguro del negocio. Y tampoco el del edificio. Según le dijeron «no se hacen cargo porque es un fallo estructural o un problema de edificabilidad. Sería un caso similar a cuando aparecen grietas en las paredes de un piso o una casa años después de haberse construido, como consecuencia del asentamiento del terreno o del propio inmueble. Si se hubiera roto una tubería, por ejemplo, sí se harían cargo», comenta con resignación.
No sabe cuánto le costará el arreglo, porque todavía está solicitando presupuestos, pero mira a su alrededor y reconoce que lo peor será reordenar todo el material que acumula en el negocio: libros, revistas, juguetes, mochilas, bolígrafos, calendarios, paquetes de los envíos... «Sé que parece un caos, porque el local es pequeño y tengo mucho material, pero yo sé dónde está cada cosa», comenta.
Cuando entran los clientes se sorprenden al comprobar cómo está el piso. «Alguno, para hacerme reír, me pregunta si me habían robado el suelo». Ella, por si acaso, ha retirado todo lo que pueda ser peligroso o con lo que sea posible tropezar.
Los negocios próximos no tuvieron problemas, pero la residente en un piso justo en el lado opuesto del edificio se encontró un panorama desolador cuando regresó a su casa después de un viaje de trabajo. «Tenía las baldosas de una pared en el suelo. Arregló los desperfectos y, a los quince días, le ocurrió lo mismo con los del suelo», comenta.