Un café en los campos de la Torre

Javier Becerra
Javier Becerra CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

ANGEL MANSO

Llega un momento en el que, a base de pasar frío y mojarte, te conviertes en un experto que acude a los partidos como quien va al Everest

28 abr 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

No es lo mismo que te lo cuenten que vivirlo. No es lo mismo escuchar al padre rosmón quejándose de las penurias soportadas cada vez que lleva al niño a jugar a los campos de la Torre que, de repente, verte ahí conociendo el significado del concepto «lluvia en diagonal». O sintiendo en tus carnes como el viento hace que la sensación térmica sea muy inferior a lo que marca el termómetro. Llega un momento en el que, a base de pasar frío y mojarte, te conviertes en un experto que acude a los partidos como quien va al Everest. Camisetas y calcetines térmicos, cortavientos, bragas polares, guantes de lana y gorros de los que tapan las orejas se han de combinar con chubasqueros y todo tipo de prendas impermeables. Porque cuando hace mal tiempo ten por seguro que en la Torre todo puede ser peor. Allí, con el paraguas destrozado por el viento y una cara de bobo integral, la pregunta no tarda en aparecer: ¿Por qué el niño no se dedicará, yo qué sé, al ajedrez o a la pintura que se hace a cubierto?

Es por ello que algo se nos movió por dentro a los sufridores de la Torre cuando leímos en La Voz que «el Ayuntamiento acometerá una profunda reforma que incluirá campos de hierba natural, nuevos vestuarios, cafetería y salas de entrenamiento físico». No se habla concretamente de una grada cubierta —esperamos que vaya incluida en la «profunda reforma»—, pero al menos aparece la palabra cafetería, una de las más repetidas entre los progenitores que se citan allí semana a semana. Ahora, al menos, habrá un lugar en el que resguardarse si las cosas se ponen chungas. O donde esperar cuando el partido del niño es a las nueve y, luego, el de la niña a las doce. Quienes acuden allí, semana a semana, saben de lo que hablo. Ahora tienen una esperanza.