Tenemos una suerte infinita los que vivimos aquí de que nuestro centro de referencia de salud pública infantil esté formado por gente como ellos
13 oct 2022 . Actualizado a las 05:00 h.Cuando hay una buena noticia que abre el periódico es un alegría inmensa. Pero cuando lo hacen los profesionales que han salvado la vida de un chico es, además, un orgullo. Y eso es lo que sentimos los coruñeses cuando vimos a todo el equipo del materno que participaron en el trasplante de corazón del crío de 14 años, después de que estuviera dos meses conectado a uno artificial. Tenemos una suerte infinita los que vivimos aquí de que nuestro centro de referencia de salud pública infantil esté formado por gente como ellos. Por eso cuando vemos casos como el de esta operación se nos hincha el pecho sabiendo que entre esas personas, que además son excelentes profesionales, hay también amigos. Y el materno está construido así, en una red de gente que son de otra pasta para conseguir lo imposible.
Ahora les ha sucedido a estos padres, pero por desgracia les pasa también a muchos que, solo cuando comprueban en primera línea cómo los tratan, se dan cuenta de esta fortuna. Todos estos profesionales tienen nombre propio, de ahí que verlos en esa foto de primera página dando la cara, merezca nuestro aplauso. Son un ejemplo. Porque no solo hacen bien su trabajo, sino que se preocupan ilimitadamente por el bienestar de las familias y de los niños. Estos padres, que vienen de fuera y tienen dos hijos más, han podido testar en sus terribles circunstancias que esa malla tejida alrededor les ha permitido quedarse aquí, muy arropados, los dos meses que esperaban por el corazón de su hijo. Es durísimo, una prueba de vida, que ellos han tenido que pasar en nuestra ciudad. Pero ahora, con la buena noticia, también sabrán que su destino los trajo a uno de los mejores hospitales que existen. La gente del materno son los grandes influencers. A ellos son los que deberíamos subir a Instagram.