Ocho de la mañana. El bus escolar es especie amenazada en el área coruñesa, así que toca encender el coche. Mochilas, paraguas, niños... Todo en orden. Al cole.
¡Buf ! El embudo del Sol y Mar, a tope; la caravana en la N-VI hacia Coruña llega a O Graxal. «Media vuelta, chicos, nos vamos por otro lado». Pero... en fila india: primera, segunda, punto muerto, freno. Parados otra vez.
Intento rodear la ría de O Burgo, pero el atasco colapsa también El Seijal. Muy tarde ya para atajar por las calles de O Graxal. Paciencia: primera, segunda, punto muerto, freno... Y arrancamos hacia la Costa da Tapia.
«No, por favor, es muy temprano para ponerse a pitar». El bus de delante para en medio de la cuesta. En el propio carril. Sube un batallón de pasajeros. Detenidos otra vez. Tres minutos. «Pero dejen de pitar, por favor, que a estas horas duele la cabeza».
¿En marcha otra vez? Bueno... Primera, primera, primera, punto muerto, freno. No hay quien pase la rotonda del paraguas. «Dos minutos y se desatasca». Cierto. Allá vamos. La avenida de Xoán Carlos I, fluida. Tercera, cuarta..., segunda, primera... stop. ¡Ay! Bloqueado también el acceso a A Corveira. Y a O Portádego, en la N-550. «Papá, ¿cuánto falta?». ¡Buf! Primera, segunda, punto muerto, freno. «Falta poco, a ver si no hay accidente en Alfonso Molina». No lo hay. ¡Libres! Al fin entramos en el cole, sobre la bocina.
Pero queda regresar. Y esta vez hay que tragarse el Sol y Mar. Ya hay cola en el puente de A Pasaxe. Freno, freno, primera, freno... Más bocinazos, humo, lluvia. Me... en la estirpe de todos los ministros de Fomento. Y, menos mal que está Radio Voz para informarse durante la espera.
Bueno, en casa al fin. Han sido 45 minutos de puerta a puerta. Más cabreado. Más informado.