El pollito que se convirtió en loro

R. Domínguez A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

Álvaro es el benjamín de la unidad de atención temprana de Aspace para dificultades del desarrollo. «El avance ha sido espectacular», cuenta la mamá

02 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

«Los problemas se inventaron para buscar soluciones» es el lema de Belita, como la llama Álvaro, dos años y medio de rizos de sol para quien casi cualquier cosa puede ser un volante. Hasta el laberinto de piezas que tiene que mover por un circuito- circular, claro está- en una de las salas de atención temprana de Aspace. Belita es la abuelita. «Tiene pasión por los coches», cuenta. Él no se da cuenta, pero mientras conduce su bólido imaginario crece y avanza en la superación del trastorno psicomotriz con el que se estrenó en un mundo al que tenía prisas por llegar. «Fue prematuro, nació a las 31 semanas con un montón de pelo pero 1,660 kilos de peso; al día siguiente ya tuvo que entrar en quirófano y lo acabaron operando tres veces», resume su madre, Belén Fernández, de un más que accidentado inicio vital.

Con una abuela que insiste en que «no hay que poner límites» cuando se trata de las metas por las que luchar, la mamá heredó el arrojo para buscar salidas y superar temores. «Siempre asusta y los padres a veces no saben muy bien qué hacer; da miedo venir a un centro especial, pero hay que quitarse todo eso de encima, esto es como un colegio, a los papás los tranquilizan mucho y si los niños necesitan ayuda, cuanto antes mejor porque siempre es para mejorar», reflexiona en voz alta sobre la decisión de su hija.

«Desde septiembre, cuando empezó aquí, la evolución ha sido tremenda, espectacular», explica satisfecha Belén. Cuando comenzaron las terapias en el centro de O Casteliño, en Sada, su pequeño «no hablaba nada», confirma Marta, la logopeda. Ahora su pollito rubio es un loro. «No calla», dice la mamá. «Y canta con su tío Juan y su tía Cris», apunta la abuela, que practica el credo de la estimulación constante, aplaude la valentía de su hija para enfrentarse a las dificultades y cree como pocos en cuánto se puede aprender de la diversidad. Resume en cuatro frases todo de lo que ya es capaz su nieto en apenas unos meses: «Álvaro no se sentaba solo, lo llamabas y no te hacía caso, no hablaba... ahora es otro mundo, y además viene a las sesiones contento», enfatiza. Todavía necesita ir de la mano, pero está a punto de soltarse a caminar.

40 niños

Lo llevan tres días a la semana al centro a fisioterapia, logopedia y terapia ocupacional. Belén se decidió por Aspace por varios factores. Uno fue intentar complementar y también acortar esperas para acceder a la atención temprana en la sanidad pública. Otro fue la experiencia de la entidad con niños con problemas mucho mayores que los de Álvaro. «Con el mío les da la risa», resume en alusión al trabajo que realiza Aspace desde 1977 con personas con parálisis cerebral. Después de recorrerse «todos los centros de Coruña», asegura, comprobó no solo su mayor asequibilidad, sino también que «ofrecen todas las terapias que necesitas sin tener que llevar al niño de un sitio para otro, a fisioterapia a una clínica, a logopedia a otra, y todos los especialistas trabajan en la misma línea, con un plan específico para el niño», explica la madre.

Álvaro es el benjamín de una unidad a la que acuden 40 pequeños de entre 0 y 6 años. «Es el período de mayor plasticidad cerebral y el mejor momento para corregir dificultades, permanentes o transitorias», explica el coordinador de la unidad, Óscar Ameneiros García, que es también psicólogo clínico y psicopedagogo. Para cada uno de ellos «elaboramos un plan personal de intervención multidisciplinar adaptado tanto a la edad como a las necesidades de cada niño», continúa sobre la importancia de coordinar todos los esfuerzos para superar esas dificultades, ya sean físicas, psíquicas, sensoriales, de comunicación, emocionales o de conducta.

La unidad no es exclusiva de parálisis cerebral. «Tenemos niños con cualquier dificultad motora, del lenguaje, con hiperactividad, déficit de atención, trastornos del espectro autista..», comenta. Por eso en el equipo se integran logopedas (Gádor Regueira Lavandeira y Marta Nine Tomé), un fisioterapeuta (Rubén Carneiro Medín), una terapeuta ocupacional (Rocío Aragón Carvajal), una trabajadora social (Iria Barreiro Antón) y un maestro de educación especial y estimulador (Jacinto Creo Sanvicente).

«Trabajamos generalmente en sesiones individuales e intentamos que siempre que sea posible esté la familia para que puedan incluir el aprendizaje en la rutina diaria del niño», detalla Ameneiros. Un trabajo el suyo «satisfactorio -cuenta- porque vas viendo cómo evolucionan, como van mejorando... y ya hemos dado alguna alta».

El único centro de la provincia que ofrece la terapia «spidersuit» de neurorehabilitación

Bajo la dirección de Sonia Ruiz Vargas, la gerente de Aspace Coruña, la entidad impulsada hace más de cuatro décadas por un grupo de padres cuenta con 115 trabajadores y 113 usuarios, a los que ofrecen atención en todo su ciclo vital en caso de necesitarlo. Como organización sin ánimo de lucro, gestiona un colegio de educación especial, un centro de día y dos residencias en las que viven 51 personas.