Juan Graíño, trasplantado hace 13 años: «Aunque ya tengo la primera dosis de la vacuna, sigo sin usar el ascensor»

R. Domínguez A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

Juan Graíño, trasplantado de hígado vacunado con la primera dosis en A Coruña
Juan Graíño, trasplantado de hígado vacunado con la primera dosis en A Coruña CESAR QUIAN

Asegura que subirá andando los seis pisos de casa hasta recibir la pauta completa. «No voy a levantar el pie ahora que falta tan poco», dice

20 abr 2021 . Actualizado a las 13:25 h.

No ha vuelto a subirse en un ascensor desde hace más de un año, cuando el covid invadió hasta el aire, y no lo hará al menos hasta dentro de 28 días y una semana más, cuando adquirirá la máxima inmunización tras recibir la segunda dosis de la vacuna contra el covid-19. Y no por hacer ejercicio, aunque eso también sea saludable. A Juan Graíño Ordóñez lo trasplantaron de hígado en el Chuac en el 2008. «Ahora estoy de maravilla», recalca, y no piensa jugársela por poco más de un mes. Por eso sigue subiendo los seis pisos que separan la calle de su casa en O Temple aunque «a veces, cuando voy por el tercero ya parece que necesito una bombona de oxígeno», bromea este vecino de Cambre de 63 años.

Es uno de los más de 2.000 residentes del área citados en la primera llamada a la inmunización para enfermos de alto riesgo. Además de los trasplantados, en este grupo están las personas en diálisis, usuarios del hospital de oncohematología, pacientes con metástasis, con inmunodeficiencias, y los mayores de 40 años con síndrome de Down.

A él le tocó el viernes pasado, 16 de abril, en el Sanatorio Marítimo de Oza. «Lo estaba deseando», resume. «Todos mis hermanos me llamaron para darme la enhorabuena», apunta para dar idea de cuánto significa para ellos el pinchazo. Pero no piensa relajarse ni lo más mínimo. «Tengo que tomar casi más precauciones, es una pena levantar el pie ahora, que falta tan poco», argumenta. Así que Juan resume su día a día con un «sigo haciendo la misma vida que este último año: salgo por la mañana a pasear, hago alguna compra si necesito y después sigo recluido en casa toda la tarde; de momento, hasta la segunda dosis voy a seguir así». Piloto de la Marina mercante hasta que la hepatitis dijo basta, Juan sigue echando de menos navegar, pero se consuela pensando que «antes veía la tierra desde el mar, y ahora puedo ver el mar desde tierra». Parte de él, asoma tras las ventanas sobre la ría de su propia casa.

Los que, como él, han tenido la fortuna de una segunda oportunidad, tienen las defensas al mínimo por los fármacos inmunosupresores para evitar el rechazo. Su riesgo ante cualquier infección es muy superior. «En los trasplantados la protección de la vacuna se reduce a la mitad», resume. De ahí que, aunque le ofrecieron pincharse antes y lo llamaron para ir el 6 de abril a Expocoruña a la campaña masiva con AstraZeneca de los de 60 a 65 años, «les expliqué mi caso, no me negué a vacunarme porque fuera esa, pero les dije que prefería seguir el criterio de salud al de edad, porque las otras dos vacunas ofrecen un grado mayor de cobertura, de hasta el 93 %» frente a en torno el 70 % del preparado de Cambridge. El viernes, le pusieron la de Moderna y solo notó dolor en la zona del pinchazo. «Me tomé un paracetamol y listo, ni fiebre, ni nada», comenta. Por el calendario, la segunda dosis le tocará el 14 de mayo. Hasta entonces, Juan aprovecha para expresar su «alivio» y, también para recordar que «aunque estemos en pandemia, sigue habiendo gente que necesita un órgano y gente que puede hacer ese último gesto de donar para salvar una vida cuando la nuestra ya no sigue».