Ignacio Benedeti: «La devastación por el calentamiento global se palpa en el Ártico año a año»

El cineasta proyecta su película documental el jueves en el Fórum Metropolitano


A Coruña

El cineasta coruñés Ignacio Benedeti se fue hasta los últimos confines de tierra forme antes del Polo Norte para hacer un llamamiento de alarma sobre los devastadores efectos del calentamiento global en la zona. Y lo ha hecho de la mejor manera que sabe, en forma de película documental rodada sin tecnología digital y plasmando la aventura vivida a bordo de un viejo rompehielos en medio de una tormenta de nieve sin fin. El resultado, titulado Spitsbergen, o gardián do Ártico, cuenta con la narración de Santiago Fernández y la música del compositor Sergio Moure de Oteyza, y podrá verse este jueves, viernes y sábado en el Fórum Metropolitano.

-¿Cómo surgió la idea de esta película?

-La oportunidad surgió cuando Kodak me eligió para probar su nueva película Ektachrome 7294, que estaba en esos momentos en desarrollo. Así que aproveché la ocasión para realizar una prueba técnica para Kodak rodando en circunstancias extremas, y al mismo tiempo realizar este largometraje. Así que es la conjunción de tres pasiones: el cine en fotoquímico, no digital, los territorios hiperbóreos y la conservación del medio ambiente.

-No parece haber sido un rodaje fácil.

-Fue muy complejo. Pero mi mayor quebradero de cabeza fue llevar el equipo. La película, cada cartucho de dos minutos y medio, ocupa lo suyo. Y, además, no se puede pasar por rayos X que se vela. Así que tuve que evitar que pasaran la película por rayos en los controles. Iba con todos los permisos y certificados necesarios, pero aún así me hicieron poner todos los cartuchos en fila sobre una repisa para inspeccionarlos uno a uno. Y después tuve que rodar con temperaturas de 20 grados bajo cero, con una tormenta de nieve... Y cada dos minutos y medio hay que cambiar la carga de película. Una labor bastante compleja. Además, al contrario que en digital, yo no estoy viendo cómo va quedando lo que grabo, y a esas temperaturas la cámara puede tener cualquier inconveniente técnico. Así que cada día hacía un test de prueba que revelaba por la noche utilizando ingredientes caseros, como cerveza que me llevé de aquí.

-No era la primera vez que estaba por el Ártico.

-Ya había estado varias veces, y eso, tristemente, me dio la oportunidad de ir viendo la realidad del calentamiento global. La primera vez que estuve en Spitsbergen, en el 2001, la nieve tenía una altura que sobrepasaba mi cabeza; en el 2008 volví y la nieve, en el mismo punto y la misma época del año, me llegaba tan solo a la rodilla; y en esta ocasión estaba a apenas un palmo sobre el permafrost. La devastación por el calentamiento global se percibe de una forma mucho más radical en el Ártico. Es algo palpable año tras año.

-Y sobre lo que parece no haber todavía una conciencia plena.

-En los últimos años, gracias en parte a la polémica figura de Greta Thunberg, ha vuelto a hablarse del tema, aunque yo rodé la película justo antes de que saltase a la fama. Pero es algo de lo que viene advirtiéndose desde hace décadas. Treinta años atrás, en 1989, fue otra mujer la pionera en advertir a todos los gobiernos del mundo sobre el calentamiento global en un discurso en la ONU: Margaret Thatcher. No solo era política, también tenía una formación científica, y definió en ese discurso a aquellos preocupados por la conservación del planeta no solo como amigos de la tierra, sino como sus guardianes. Así que en la película, desde el título, hago un homenaje a lo que dijo Thatcher hace treinta años. Y desde entonces las cosas no han ido precisamente a mejor. Hay quien todavía se toma a broma el tema, lo que es indignante, porque es el problema más grande al que nos enfrentamos de cara al futuro, mucho más que el covid.

-Para el rodaje se embarcaron en un viejo rompehielos, el Malmö.

-El barco era una experiencia en sí misma. En esa singladura cumplía 75 años de servicio. ¡Hasta tenía su propio fantasma! Era el de un escritor sueco que participaba en las batidas para cazar focas y morsas para las que se utilizaba el barco en su momento. Pero la verdad es que se oían tantos ruidos que ya no sabíamos si eran cosas del fantasma o de los bloques de hielo rompiéndose.

-En la película puede intuirse la aventura que vivieron.

-Hay una zona que se llama el Paso de los Témpanos Fragorosos, donde hay una corriente fortísima y los témpanos de hielo vienen a toda velocidad, como si fueran torpedos, y chocan contra el barco haciendo un ruido estremecedor. Y en otro momento nos quedamos atascados en el hielo, el barco no podía avanzar más. La sensación de caminar sobre unas aguas heladas sabiendo que bajo tus pies hay unos 150 metros de profundidad es increíble.

«Si tengo que exhibir la película en digital, lo hago. Pero la verdad es que sufro»

Ignacio Benedeti es uno de los grandes defensores de la película analógica frente a la tecnología digital. Así rodó, y así proyectará, Spitsbergen. o gardián do Ártico: «Va a ser el primer estreno de un largometraje en película que se hace en esta década en Galicia. Y esperemos que no el último. Pero para ello tengo que llevar yo el proyector, porque en el Fórum ya no tienen. Es normal, ahora todo llega en digital, es más cómodo. A mi me sigue apasionando la película, lo analógico, pero hay que reconocer que el proceso de exhibición es mucho más sencillo en digital», explica.

-Lo suyo es pura pasión.

-Sí, lo mío es amor. Pero no soy el único, que hay grandes luminarias como Christopher Nolan, Quentin Tarantino o Steven Spielberg que solo quieren rodar en cine. Y todavía se siguen estrenando películas en cine. El año pasado, Tenet, la de Nolan, se estrenó en película en tres salas en España, pero ninguna en Galicia. Es que el cine te da unas texturas que no las da el digital, pero entiendo que a la mayoría de la gente esto no le parezca relevante, que le interese simplemente que se vea bien la película. Para este documental fui eligiendo distintas emulsiones para cada momento. Cuando pasamos por la ciudad fantasma de Pyramiden cogí una que da unos colores que parecen de otra época. Para mi son una parte más del lenguaje de la película, aunque sea algo que apreciemos cuatro.

-Habrá un sinfín de lugares en los que no tenga oportunidad de exhibirlo con su proyector.

-Si lo tengo que poner en digital, lo hago. Pero te seré sincero, sufro. Es como si estás durante meses pintando un óleo y al final te piden para exponerlo una fotocopia en color. No es lo mismo, pero a veces no queda más remedio.

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