Víctor Rodríguez, percebeiro de la Torre: «¿Es caro el percebe? Sí, 200 euros, ¿y eso es lo que vale mi vida?»

Emiliano Mouzo A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

CESAR QUIAN

Nacido en el corazón de Monte Alto, a sus 59 años estos días recoge en las inmediaciones del faro el marisco que se venderá hoy en la plaza para las cenas de Nochebuena y Navidad

24 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Víctor Carlos Rodríguez Sánchez nació en la calle Torre, es «de San Amaro de toda la vida», recalca. Tiene «59 años» y lleva «desde niño apañando percebes». Ya su padre, cuando aún no existían los planes de explotaciones racionales, ni carné de mariscador, ya bajaba a las piedras «para apañar y ganar para comer toda la familia», recuerda.

-¿La Navidad es la época del año que más esperan usted y sus compañeros?

-Sí, es cierto. Puedo decir que estamos esperando por el mes de diciembre desde enero. Es cuando vemos los mejores logros de nuestro trabajo.

-Es cuando mayor valor tiene el percebe. Dicen que es caro.

-¿Qué es caro? Es posible, pero para llevar el percebe estas Navidades a las mesas de nuestros clientes tuvimos que trabajar desde el pasado día 14 con golpes de mar de hasta ocho metros de altura que amenazaban con tragarnos o matarnos contra las piedras. Por eso creo que no hay dinero que lo pague, porque nos jugamos la vida cada día. ¿Que si es caro un kilo de percebes? Sí, 200 euros, ¿y eso es lo que cuesta una vida, mi vida?

-Acaban de sufrir ustedes una cadena de borrascas.

-Hace muchos años que no padecía tanto bajando a las piedras. A mis 59 años me he visto obligado a realizar carreras y a esquivar obstáculos como si fuese un atleta de las carreras más extremas.

-¿Y nunca sabe lo que le espera durante esas etapas, ni en la meta?

-Pues no. Este año tuvimos la Costa da Torre cerrada hasta el pasado día 14, pero a pesar de ello el percebe no cría como antes, dicen que por culpa del cambio climático. Y si no hay recurso y el mar te impide bajar a las piedras más productivas, llegas a tierra sin lograr el objetivo, un propósito bien sencillo: apañar el tope, tan solo 7 kilos de percebe. Y solamente lo logré un día.

-¿Y después de la jornada?

-Un infierno. El frío te consume, el cuerpo dice basta... Pero ya tienes que pensar en el día siguiente: ¿qué tiempo hará, de dónde vendrá el viento, bajará mucho la marea? No descansas.

-¿Vendrán buenos tiempos?

-Espero, pero no solo para los percebeiros. Ahora toca sentidiño, como para bajar a las piedras, porque este maldito virus es tan fuerte y mortal como el mar.