Regalo navideño de la OSG

Bajo la dirección del titular Slobodeniouk, ofreció tres suculentos manjares: Claro de Luna, de Debussy/Caplet, vera delicatessen; Sinfonía n.º 1 Clásica, de Prokofief, y Cuadros de una Exposición, de Mussorsky-Ravel

Imagen de archivo de un ensayo de la Orquesta Sinfónica de Galicia
Imagen de archivo de un ensayo de la Orquesta Sinfónica de Galicia

En efecto, este concierto de la Sinfónica de Galicia quería ser un regalo a sus fieles abonados en recíproca correspondencia. De hecho esta Orquesta es un regalo en sí misma, un monumento sonoro, que trasciende lo local y proyecta su excelencia como vehículo de las grandes ideas musicales. Bajo la dirección del titular Slobodeniouk, tres suculentos manjares: Claro de Luna, de Debussy/Caplet, vera delicatessen; Sinfonía n.º 1 Clásica, de Prokofief, y Cuadros de una Exposición, de Mussorsky-Ravel.

De la Suite Bergamasque, de Claude Debussy (1862-1918), la joya es Claire de Lune, inspirado P. Verlaine (vuestra alma es igual que un paisaje escogido…). Andre Caplet (1878-1925), colaborador, la orquestó. Pequeño gran bocado muy bien servido.

Sergei Prokofief (1891-1953), a los 25 años inicia su primera sinfonía, llamada Clásica. Simétrica e inspirada. La instrumentación se atiene a los usos de aquel período: Allegro, galante y ligero, el Larghetto ofrece en los violines un hermoso tema que resonará en el ballet Romeo y Julieta (1940), en el tercero apela a la Gavotta en vez del Minuetto, y el Finale desarrolla un constante scherzando. Lectura rigurosa, precisa, rítmica y alegre.

Los Cuadros son suite para piano de Modest Mussorsky (1839-1881) adscrita a los postulados nacionalistas del grupo de Los Cinco. Se inspiran en los del pintor Viktor Hartmann. Mussorski, compositor amateur de gran ingenio creador (esta misma obra, la ópera Boris Godunov), precisó la ayuda de sus compañeros de grupo. A su genialidad se sumó la imaginación instrumental de otro genio: Maurice Ravel (1875-1937), quien en 1922 abordó la orquestación a instancias del director Kutsevitski. Al blanco y negro original se une el deslumbramiento de arquitectura orquestal llena de inventiva tímbrica, fantasía cromática y pulso expresivo. Slobodeniouk domina la obra, y la traslada al conjunto. Diseña con precisión todas las líneas, ensambles, cesuras, silencios, y las transiciones rítmicas y sonoras. Extraordinaria respuesta de la Orquesta y sus solistas. Entusiasmo de un público cada vez más nutrido, al que director y profesores también aplaudieron.

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