Los filósofos del barrio


Me entero por Twitter de que Baruch Spinoza no es un judío portugués de Ámsterdam, sino un tuitero de los Mallos que firma sus mandobles metafísicos como Derecha Spinozista.

Yo creía que en los Mallos, con esa manía de poner a sus calles nombres de ríos, que si río Xallas, que si río Sil, que si río Sarela, eran más de Heráclito, el que no se daba bañado dos veces en el mismo río, pero se ve que a Heráclito se lo han pedido los de Monelos, que para eso tienen cauce propio.

A Coruña va tan sobrada de pensamiento que aquí la filosofía va por barrios. En la Ciudad Vieja somos más bien medievales y andamos dudando entre santo Tomás de Aquino -por el que tuercen los dominicos- y Guillermo de Ockham, el de la navaja, que tiene sus fans en la calle San Francisco. En la Marina son más clásicos y se hacen los presocráticos paseando por la Dársena mientras Aristóteles y Platón pescan xardas al pie del dique de abrigo.

Algo más arriba, los romanos de la calle de la Torre citan en latín a Séneca y a Marco Aurelio mientras esperan resignados a que reabran las tabernas de Monte Alto.

Por la plaza de Lugo y la de Vigo prefieren a Descartes, por algo viven en una cuadrícula, pero en cuanto uno se acerca a Riazor la cosa se pone menos geométrica y más turbulenta. Ya en Labañou, el que triunfa es Nietzsche, por broncas, y en el Ventorrillo quieren al díscolo Schopenhauer casi tanto como a Pucho Boedo.

En Ciudad Jardín son kantianos por el prestigio que aún tienen allí las categorías, y en el océano humano de la calle Barcelona son muy de la dialéctica de Hegel.

Yo, que crecí con la nariz pegada a las aceras de Peruleiro, me quedo con Leibniz, que fue quien me enseñó que en cada átomo de esta Coruña infinitesimal palpita el universo entero.

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