Veinte años lleva sobre la mesa la reforma de Alfonso Molina. 24 millones de euros para replantear el mayor generador de atascos de la ciudad y su entorno. En ese tiempo hemos oído de todo: más carriles, nuevas conexiones, puentes para acoger a los sintecho, pasos para ranas bajo el asfalto... Prolifera el conocimiento a medida que mengua la iniciativa, y hoy el atasco ya es burocrático. En el caso de la ría de O Burgo son tres, no dos, los decenios en los que los partidos que gobernaron España se fueron enfangando con un proyecto que sigue sin licitarse. Y qué decir del puente de A Pasaxe, el embudo que estrangula la movilidad, para el que no hay proyecto definitivo ni plazo de ejecución. Nada, porque parece ser que no es una prioridad.
El desaire con que el PSOE del Ministerio de Transportes trata hoy a Coruña es el mismo con que el PP del Ministerio de Fomento la trataba ayer. El tren de Langosteira, el vial 18… todo petrificado desde hace años.
Por eso, en este contexto llama la atención la reciente visita del secretario general de Infraestructuras del rimbombante Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana. El gallego Sergio Vázquez visitó las obras de la rotonda de A Rocha en la conexión de la N-550 con la A-6, en Cambre. Una obra, por cierto, reclamada también desde hace decenios y que ahora, según anunciaron, parece llegar a término. A Rocha es una infraestructura necesaria, pero a una distancia sideral de los grandes proyectos que el Estado racanea a esta ciudad desde el Pleistoceno.
Eso sí, el hombre que vino a ver una rotonda habló de Alfonso Molina. Dijo que era una obra en tres fases y que empezaría por la primera lo antes posible. Revelador. Está claro: a seguir esperando.