El bus a la playa tampoco se llena

Lucía Cancela / a. s. A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

PAULA QUIROGA

Los ciudadanos prefieren usar el vehículo propio para desplazarse a los arenales

02 ago 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Doce de la mañana, A Coruña. El termómetro marca 25 grados y subiendo. La estación de buses de la ciudad mantiene las líneas habituales a las playas comarcales, solo que por ser fin de semana la frecuencia del recorrido es menor. La ruta de autobús que une A Coruña con Bastiagueiro es la que tiene una fila de personas más larga. No obstante, solo una pareja irá a la playa. Parece que los coruñeses no están muy convencidos para utilizar el autobús como medio de transporte en esta nueva normalidad.

Es más, desde que se produjo la desescalada, el número de usuarios que utilizan este medio público ha descendido drásticamente. Lo certifica el conductor de la línea, Juan Sánchez, quien reconoce que «con la irrupción del coronavirus, la gente coge mucho menos el autobús». Además, «durante los fines de semana tienden a utilizar el vehículo propio». Sin embargo, aquellos que confían en el autocar como la mejor forma de desplazamiento van preparados para pasar el día en la playa. Sombrillas, neveras portátiles, tablas de surf o barras de pan son los accesorios más habituales.

Mario Blanco y Zaida Pardo son los únicos que se montan en la línea para acudir al arenal de Bastiagueiro. Es la primera vez que lo utilizan. Mario comenta que «al ser sábado, otras playas coruñesas, como Orzán, estarán llenas». De esta forma, «puedo escapar de la zona urbana». Zaida reconoce que «al principio me causaba algo de miedo coger el transporte público», solo que ahora «al tener que ir a trabajar, ya estoy más acostumbrada».

El uso de mascarillas es obligatorio. Con el calor, el agobio que les produce, afirman, «no es relevante». Consideran más importante ir protegidos: «Si me agobiara lo suficiente, me quedaría en casa», indica Mario. Es más, Zaida incluso piensa que el aforo del autobús se debería reducir: «No se puede dejar a la ética y responsabilidad de cada persona».

En la estación de autobuses, el ambiente está algo más concurrido. «Cuando más gente puede haber es por la tarde, después de comer. Aún así, se mantiene en números bajos», relata Juan Sánchez al aparcar el vehículo en su isla correspondiente. Allí están Thalía Díaz y Sara García esperando a que salga la ruta hacia Caión para practicar surf. Para Sara, esta es la primera vez que coge la línea, mientras que su amiga es ya una usuaria habitual del servicio.

Más respeto

Thalía reconoce que, debido a la pandemia, le da algo más de «respeto subir al autobús», pero que resulta «la única forma que mucha gente joven tiene para moverse, especialmente a las afueras de la ciudad». No obstante, para ella tomar las medidas de seguridad habituales es lo necesario: «Aquí no todo el mundo respeta la distancia de seguridad».

En un andén contiguo, Silvia Lagofranco se encuentra esperando la línea que se dirige hacia Bastiagueiro a las 13.25. Es una usuaria habitual del transporte público. Silvia no tiene la misma percepción que otros pasajeros e indica que «la gente tiene respeto, pero no miedo» y añade que «si tienes que coger el autobús para ir a la playa, lo haces tomando precauciones».

Para ella «no es necesario estar pensándolo todo el rato. Nos hemos acostumbrado a la nueva normalidad», y cree que es seguro siempre y cuando «lleves mascarilla y uses gel una vez que subas o bajes», concluye.