A Coruña

Hubo un tiempo, no muy lejano, en que San Xoán se celebraba sobre todo en fincas, en casas de aldea, en zonas comunes de las urbanizaciones donde los vecinos tenían excusa para reunirse alrededor del fuego y cantar, reír, contar viejas historias, darse una enchente de sardinas con cachelos y ver flotar mansamente esas briznas de lumbre que ascienden cuando los leños se consumen y la hoguera decae para recibir los primeros saltos. Nadie, absolutamente nadie se acordaba de la playa. Ni aunque se hubiese dado un baño aquella tarde.

No recuerdo con exactitud en qué momento empezó a ponerse de moda lo de carretear madera a Riazor y el Orzán, y hasta es posible que a los pioneros les guiase el mismo espíritu tradicional, fraternal y colectivo que inspira desde tiempos inmemoriales la celebración del solsticio, la consagración de la luz. Quizá parte de ese espíritu siga vivo en la playa de Riazor, de la coraza a las Esclavas, a donde las familias acuden con sus hijos guiadas por la necesidad atávica de refugio, compañía y calor alrededor del fuego.

«San Xoán recuperó su esencia y liberó las playas de las hordas botelloneras»

Desde luego, donde no sigue vivo es en el Orzán y el Matadero. Allí San Xoán es sobre todo un enorme botellón con algún que otro ejemplar pelágico en parrillas anecdóticas, excusas lisérgicas para episodios etílicos sin control. El resultado más visible es el océano de plástico, madera y vidrio que baña la arena cada 24 de junio y anula la playa hasta que los servicios de limpieza extirpan la porquería y la marea purificadora se lleva los restos de alcohol.

Pero no fue así en esta ocasión. Forzado por el funesto coronavirus, San Xoán regresó a las casas, a las urbanizaciones…, recuperó su esencia y liberó las playas de las hordas botelloneras. Una oportunidad para la naturaleza y, ojalá, un nuevo punto de partida.

«No me imaginé que el día de San Xoán pudiese andar por la playa descalza»

Emiliano Mouzo

La pulcritud en los arenales vuelve a abrir el debate sobre la idoneidad de hacer las hogueras en ellos

A Coruña amaneció en un San Xoán, limpio, silencioso y sin incidencias. Llamaba la atención la pulcritud de las playas, de todos los arenales, desde Riazor hasta Oza.

Y es que mientras que en el 2018 se recogieron de los arenales 117 toneladas de residuos y el año pasado las cuadrillas de limpieza retiraron más de 93.000 kilos de desperdicios, este año solamente fue preciso que pasase la maquina para cribar la arena porque no había ni un kilo de residuos al no permitirse hacer las hogueras en las playas.

Por eso, desde muy temprano la gente pudo pasear por los arenales, incluso descalza. «No me imaginé que el día de San Xoán pudiese andar descalza por la arena», contó Rosalía, una vecina. Recordó que hacía años que esto no sucedía, «creo que desde que era una moza, y ya tengo mis años», subrayó.

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San Xoán sin playa en A Coruña