¿Cree usted en los ómnibus?

Alfonso Andrade Lago
Alfonso Andrade CORONAVIRUS

A CORUÑA

Cedido

02 may 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

En la edad de piedra de las televisiones privadas, en uno de aquellos primeros programas de cámara oculta, un periodista de apariencia seria pero trasfondo burlón entrevistaba a usuarios del bus urbano en plena parada. «¿Cree usted en los ómnibus?», preguntaba extendiendo el brazo con el micrófono hacia el entrevistado mientras este subía al autobús. Y la respuesta: «No. Hasta que vea uno con mis propios ojos, no».

Esta semana fueron los rusos los que dejaron constancia en Coruña de la existencia indiscutible de objetos volantes no identificados. Por lo menos hasta que se identifican. La Soyuz -o lo que quedaba de ella- rasgando el cielo sobre la torre de Hércules ha pasado a ser historia de la ciudad. Un hecho real, no una película ni un programa de televisión, a pesar de que en Facebook y Twitter desfilaron a modo de interpretación (hay mucho cachondo) varios clásicos de la ciencia ficción de serie B: El enigma del otro mundo, Ultimátum a la Tierra y hasta La invasión de los ladrones de cuerpos.

Bueno, otros coruñeses ya se habían montado sus propias películas. En redes sociales quedó constancia del título Encuentros en la tercera fase de la desescalada, y en Radio Voz, Pablo Portabales tomó también la senda del desconfinamiento, con Encuentros en la segunda fase de Elviña.

Más de un vecino salió por patas cuando vio la estela de fuego dibujada en el cielo y creyó adivinar un ataque selectivo del terrorismo islamista.

La Soyuz tiene la desagradable costumbre de pillarnos siempre con las camas sin hacer. José Ángel Docobo, director del Observatorio Ramón Aller, nos puso sobre la pista en La Voz de Galicia de otro fragmento de una Soyuz que ya había protagonizado en Coruña una odisea similar en el 2001; que vaya puntería cinéfila con el año, por cierto. Entró en nuestra atmósfera el 16 de septiembre; es decir, cinco días después del ataque a las Torres Gemelas, el famoso 11-S, y por eso más de un vecino salió por patas cuando vio la estela de fuego dibujada en el cielo y creyó adivinar un ataque selectivo del terrorismo islamista.

Esta semana, los rusos nos han vuelto a pillar a casi todos en pijama. Y confinados. Menos a algún operario madrugador (o trasnochador, según se mire) que tuvo reflejos para sacar el móvil y regalarnos unas imágenes sorprendentes con las típicas exclamaciones de estupefacción de los testigos. Casos contados, me temo.

Una lástima, porque la pérdida de una difusión masiva nos privó de todos esos comentarios en koruño que habrían sido la verdadera salsa de los vídeos: «¡Tremendo marciano, chorbo!», «buah, neno, lo flipé yo, lo flipó el chukel», «lo pipeó mi plas, una ful de cohete». En fin..., otra vez será.

Quizá cuando vuelva a sorprendernos de madrugada un objeto volante no identificado que recibiremos con renovado entusiasmo. Que los coruñeses, que no salimos de casa sin nuestro bonobús, creemos ciegamente en los ómnibus.