Viaje por cabo Prior sazonado de salitre

Visitamos las antiguas baterías costeras y los restos de la mina de oro abandonada


La Diputación de A Coruña se ha atrevido a poner sobre la mesa un tema turístico de primera magnitud: el arreglo de las baterías costeras, empezando por la de cabo Prior, al norte de Ferrol, un punto de vigilancia estratégico para controlar aquellos barcos que se dirigían al golfo Ártabro. Cierto es que su instalación no valió para nada: nunca se produjo la invasión por mar que temía la dictadura franquista.

Y con el tiempo Prior -y el resto- quedaron abandonadas. Con el cierre desaparecieron numerosas anécdotas que hoy pueden volver a la vida con una visita. Por ejemplo, cuando corría el año 1969 un grupo de veraneantes de corta edad decidió celebrar un baile de disfraces nada menos que en pleno agosto. Y en un Land Rover descapotable con muchos años encima y abarrotado hasta los topes se plantaron ante el puesto de guardia sin ninguna mala intención excepto la de montar una fiesta. Fue la noche que el soldadito de guardia pasó más miedo en su vida, asustado ante tal intromisión que podía costarle acabar en un calabozo por largos meses.

La anécdota es reciente, pero subiendo por esa pista estrecha y ciertamente en no buen estado y que muere en el faro hoy cerrado -magníficas vistas del Atlántico y de toda la pared montañosa que muere bruscamente en el océano y que se extiende a la derecha- también puede sentirse el alma de arqueólogo y, aunque no tenga pico y pala, imaginarse dónde se emplazaron las instalaciones balleneras en los tiempos medievales en que los Andrade mandaban en aquellas tierras. Así figura en la documentación. Y cuesta pensar que era en la zona del faro. ¿Quizás en Porto, una ensenada protegida por esos dos islotes rocosos bautizados como O Cabalo Grande e O Cabalo Chico?

Y desde cabo Prior se divisan a los pies la playa de Santa Comba y luego varios arenales. En la retaguardia, pegada ya a la ladera de la montaña, sobresale un edificio gris, bajo, raro. Es posible ir hasta allí sin pérdida porque hay pistas muy sencillas de identificar y recorrer. El visitante se encontrará con lo que queda de una mina de oro, heredera de trabajos de explotación que es común atribuir a la época de la dominación romana. En cualquier caso, tal actividad no se retomó hasta finales del siglo XIX por un inglés y luego por una compañía francesa, que en 1914 levantó las instalaciones que se ven hoy. La playa -ciertamente no recomendada para los no expertos en el arte de la natación, porque sus aguas rara vez están en calma- es de una belleza impresionante. Su nombre: Ponzos, fin de un viaje sazonado por el salitre.

La aventura

Ir caminando desde la playa de Ponzos hasta el faro de cabo Prior.

La foto más personal

Ante lo que queda de la mina de oro.

El desafío

Descubrir los restos de la mina monte arriba.

El pasado

Es posible que en las playas de O Vilar y Santa Comba se hayan descuartizado ballenas.

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