A por todas las moscas

Estos días es fácil ver en la ciudad papamoscas grises que van rumbo a África


Funciona como un personaje de videojuego: su puntuación crece según va capturando en el aire moscas y mosquitos. Valen más los que pasan veloces y lejos de su percha favorita, desde donde echa a volar hacia ellos dirigido por un mando cuyos botones y joysticks manejan con eficacia, mano a mano, el instinto y el apetito.

Cuando reúna suficientes puntos, pasará a la siguiente pantalla, en la que deberá volar hacia el sur evitando varios peligros: una meteorología desfavorable, la presencia de depredadores, las redes o cepos que pongan en su camino algunos humanos desalmados... A continuación, tendrá que cruzar un brazo de mar más o menos ancho, pues dependerá de por dónde cruce de Europa a África. Como si no fuera suficiente, tendrá luego ante sí el desierto del Sáhara. Comiendo y volando, volando y comiendo, si llega a su destino, al sur de la línea del ecuador, habrá ganado su partida de este otoño.

Deporte de élite

También parece un deportista de élite en plena sesión de entrenamiento. Su ayudante le envía insectos alados y él debe capturarlos al vuelo. Algunos le exigen más de un quiebro resuelto en el aire. Tanto si los pilla como si no, regresa cada vez a la misma rama, desde la que tiene mejor visión de juego.

Con mis prismáticos, presto especial atención a sus grandes ojos oscuros. Si me acercase lo suficiente a él, seguro que vería reflejada en ellos la torre de Hércules, que tengo a mis espaldas. Transmiten una energía casi contagiosa.

Su aspecto no es llamativo. Su dorso es color ratón, sus partes inferiores muy pálidas, jaspeadas de gris en el pecho. Su cabeza, un poquito grande.

Lo que resulta tan magnético en este pájaro de apenas 14 centímetros es precisamente esa viveza de su mirada. Y su diligente actitud. No se permite un instante de modorra. Él está a lo que hay que estar: apuntarse más y más tantos en forma de insectos. Ya ha pasado el equinoccio de otoño, así que cuanto menos tiempo pierda, mejor.

Quizá británico

Es probable que provenga de las islas británicas. Los papamoscas grises de allí vuelan en otoño hacia el suroeste. Algunos de ellos van a pasar el invierno en la cuenca del Congo, en Angola... Paisajes muy diferentes a estos y a su hogar natal, pero repletos de alimento en invierno. En torno a marzo comenzarán a regresar.

Tanto en Europa como en África, los papamoscas grises, igual que otras aves insectívoras, sufren los efectos de la transformación de los paisajes tradicionales, el abuso de plaguicidas, el cambio climático... En el Reino Unido, se ha estimado que en los últimos 20 años se ha perdido el 30 % de su población.

Este no parece dispuesto a rendirse. Es un pájaro de élite, un campeón del videojuego de la vida. Pero como todos los suyos, como nuestra propia especie, depende cada vez más de la capacidad de la humanidad para corregir tantos errores ambientales. ¿Seremos capaces de ganar esa otra partida? Con una resolución como la de este papamoscas, seguro. Ahí va, a por otro punto.

Escaso reproductor en Galicia

En Galicia crían pocas parejas de papamoscas gris. La mayor parte lo hacen en la zona oriental de la provincia de Lugo.

Dónde buscarlo

En tus paseos, hasta mediados de octubre, localiza zonas de árboles o bosquetes lindantes con espacios abiertos: son sus cazaderos favoritos.

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