¿Qué libros compró Vargas Llosa en Arenas?

El premio nobel adquirió dos títulos en su visita a la librería del Cantón Pequeño y se llevó otros dos obsequiados por el librero y el escritor Juan Cruz, que lo acompañó en A Coruña


Los pagó con su tarjeta Visa. Lucha contra el demonio, de Stefan Zweig, y Los hermanos Karamazov, de Dostoiewski. A mayores, el también escritor Juan Cruz, que acompañaba a Mario Vargas Llosa, le regaló uno de Landero. «Este me lo llevo en la mano, el resto me lo enviáis, por favor», comentó el genio peruano dirigiéndose a la catedrática de Filología Inglesa de la Universidade da Coruña, María Jesús Lorenzo Modia. Manuel Arenas, el feliz librero, le regaló un curioso ejemplar. Se trata de una edición facsímil por el 120.º aniversario del Manual de urbanidad y buenas maneras, de Manuel Antonio Carreño, que llamó mucho la atención del premio nobel. «Es que no lo veía desde que era pequeño y estaba en el colegio Lasalle en Bolivia. Recuerdo que una de las normas más complicadas de seguir era la de comer con los brazos pegados al cuerpo», me explica Vargas Llosa, mientras hace el gesto que recomiendan en el libro. Manuel Arenas decidió regalarle algún ejemplar más. Lo cierto es que el autor de Arequipa necesitaría un tráiler para llevarse todo lo que le entregaron en las horas que pasó en nuestra ciudad. Quién sabe cuándo tendrá un minuto para deleitarse con obras como 31 días de mayo, la misión de Leslie Howard, de la escritora coruñesa Elena Galván Vázquez, la guía A Coruña, paraíso turístico, de Fernando Molezún, y Coruña, a luz de luna, de Óscar Fernández Méndez

Nobel y Patrimonio

Antes de salir al Cantón se fotografió con una señora, muy sorprendida de encontrarse con el escritor un sábado por la mañana en una librería coruñesa. «Es que vino a un seminario sobre su obra», le explicaron. El viernes, al acabar esta jornada académica, el premio nobel repuso fuerzas en el monte de San Pedro. Subió en el ascensor panorámico y almorzó en el restaurante Árbore da Veira, el único con estrella michelín de la ciudad. «¡Una vista soberbia!», exclamó Mario Vargas Llosa, que se mostró entusiasmado con el entorno. Tanto él como los que lo acompañaban apostaron por un menú muy gallego. No podía pasar por A Coruña sin probar nuestros platos dignos de premio nobel. Comió empanada, variado de quesos gallegos, salpicón y vieira, y terminó con jarrete, todo regado con vinos de la tierra. Los que coincidieron con él destacan su cercanía. «Se hizo selfis con los que lo pidieron, firmó libros a admiradores de todas las edades. Estuvo cariñoso con todo el mundo», aseguran. Tanto el rector, Julio Abalde, como María Jesús Lorenzo Modia le entregaron como recuerdo una torre de Hércules de Sargadelos. El premio nobel con el patrimonio de la humanidad en la mano. Hoy cruzará ese charco que veía desde los ventanales del restaurante de Luis Veira para participar en un congreso en Argentina. Incansable.

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