¿Para cuándo el carril patinete?


Esto hay que arreglarlo como sea, tenemos que ponerle voluntad y salir de este hit vehicular que se nos está yendo de madre. Estarán conmigo, y vale que exagero un poco, pero solo un poco, en que el paseo marítimo se está convirtiendo en un deporte de riesgo. Entre los peatones que van descabezados mirando el móvil y corren el peligro de despeñarse en las rocas de las Esclavas, o de darse un topetazo contra una farola o contra otro peatón; entre los runners que cada día cogen más velocidad, entre los surfistas que llevan la tabla encima y como se giren sin mirar por el retrovisor o sin poner el intermitente te los comes; entre los padres que llevan esos carritos que son cada vez más grandes; entre las bicis y ahora los patinetes veloces... ¡uf! ¿Hay alguien que salga a pasear sin esquivar? Porque hasta los que caminan han cogido tan buen ritmo que son imparables. Estamos en un punto de no retorno y no sé cómo podemos salir de él, cómo podemos conseguir que estos patinetes se encarrilen de algún modo para que todos vayamos por el buen camino. Que un día va a pasar algo y nos vamos a ver desbocados, así que nos tenemos que organizar. Un verbo que para una madre de tres hijos es de conjugación fácil porque solo admite dos tiempos: «Yo organizo» y ese que es más sencillo de usar por su imperativo: «Organízate». Me valen cualquiera de los dos, con tal de que salgamos de esta maraña de tráfico denso. Si quieren, los lunes los podemos destinar a los runners, los martes a los del patinete, los miércoles a los de las bicis, los jueves a los padres con hijos, los viernes a los que andan a ritmo mirando el móvil y el domingo lo dejamos para los que pasean. El sábado podemos darlo libre, por aquello de que los periódicos estamos ávidos de noticias y puede pasar algo, algo que no sea demasiado grave, pero que nos pueda mover el interés en este caos de vehículos.

Entiendo esta fiebre por los patinetes porque no deja de ser maravillosa esa idea de no tener que aparcar, de salir pitando en un pispás, pero como a todos se nos dé por comprar uno en esta moda tan contagiosa propia de la ciudad, ya me imagino que pronto otros encontrarán un negocio como los parkingpatinetes, o los aparcamientos por ORA de los patinetes, que aquí nada al final sale gratis.

Por si acaso, y si todos estamos de acuerdo, podemos partir de la necesaria orden de regulación del paseo, con varios carriles para que no terminemos chocando unos con los otros y, sobre todo, para que no perdamos el saludo, tan coruñés, que nos reconforta cuando nos encontramos. A tanta velocidad hemos perdido ese «hasta luego» clásico que nos hace parar en medio del trayecto. Y no puede ser. No se despisten y cojan su carril. Yo por mientras tanto sigo por el mío para no caerme.

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