Una ruta de la droga cruza Cuatro Caminos en A Coruña y se ceba con los negocios
A CORUÑA
Una docena de tiendas fueron asaltadas en un tramo entre Os Mallos y Ramón y Cajal
27 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Son cinco minutos andando los que se tardan en cruzar tres de las calles de Cuatro Caminos que registran mayor número de robos en la ciudad. Es un tramo en línea recta que nace en Os Mallos, en la calle Mariscal Pardo de Cela, que entronca con Alcalde Puga y Parga, y continúa en Alcalde Marchesi. En los dos últimos meses se produjeron una docena de asaltos en negocios de todo tipo. Aparte de las peleas, robos en vehículos y discusiones a altas horas de la noche.
¿Qué razones puede haber para que pasen estas cosas en unas calles tan transitadas, comerciales y situadas en una zona acomodada? La policía, como los afectados, lo tienen muy claro: «Es una ruta de toxicómanos que buscan dinero rápido para adquirir la dosis, pues hay un punto de venta histórico en Benito Blanco Rajoy y otros muchos en Os Mallos». Compren droga en un sitio u otro, en ese tramo «es donde consiguen el dinero rápido para consumir», sostiene Álvaro González, de la tienda Sólido.
Uno de los puntos problemáticos es el parque infantil de Cuatro Caminos. Los servicios de limpieza se esmeran a diario en la zona porque por las noches es punto de reunión de toxicómanos y dejan ahí las jeringuillas.
En los últimos días rompieron la cristalera de una academia de música de Benito Blanco Rajoy. También entraron en una zapatería de Alcalde Marchesi. En la misma calle, otros afectados fueron los de la óptica. También hubo un altercado sonado. Un policía fuera de servicio tuvo que reducir a un joven que había robado un móvil.
«El botón del pánico del 092 funciona, pero ahora nos roban por la noche»
Algo ha ido a mejor en la zona de Cuatro Caminos desde que el Ayuntamiento implantó la aplicación Coruña Segura. Se trata de un botón del pánico que los comerciantes tienen a mano y están en contacto permanente con el 092. Al pulsarlo, una patrulla aparecerá de inmediato. «Desde que lo tenemos han descendido los atracos durante el día. Ahora lo que hacen es delinquir por las noches, rompiendo cristaleras o verjas para entrar en los negocios», cuenta Avelino García, propietario de una tienda de moda.
El último barrio en contar con este sistema es el de Os Mallos, que lo estrenó en octubre. Este botón del pánico lo inauguraron los comerciantes de Alcalde Marchesi, luego los de la calle Barcelona y más tarde A Gaiteira.
La aplicación suma ya 129 negocios en total, según explican fuentes municipales, que ya cuentan con carteles en sus escaparates que advierten de su línea directa con el 092.
La primera vez que demostró su correcto funcionamiento fue en Alcalde Marchesi el 6 de diciembre del año pasado. Un conocido toxicómano que se pasa el día en Cuatro Caminos y que se revuelve, grita e insulta al que no le da dinero había protagonizado un altercado en un negocio hoy ya cerrado. Su propietario pulsó de inmediato el botón del pánico y en dos minutos se presentaron dos agentes de la Policía Local en el negocio. Fue la primera vez que un comerciante de esa vía utilizaba la aplicación que el Ayuntamiento puso a disposición de los dueños de negocios para mejorar su seguridad.
«La delincuencia se nos escapó de las manos»
A Marialis Bracamonte, propietaria con su pareja de la cadena Takontento, la despertaron el día de Nochebuena para informarle de que habían entrado a robar en su restaurante de comida mexicana de la calle Primavera, perpendicular a Alcalde Marchesi. Cuenta que de madrugada apareció un joven, según recogieron las cámaras, abrió la verja con un gato. Lo justo para que entrara su cuerpo. Antes de acceder, puso un viejo microondas que había cogido de un contenedor para que la verja no se cerrase. «No tardó ni un minuto en coger de la registradora la recaudación del día anterior y desaparecer», relata la afectada.
No hay consuelo para Marialis Bracamonte. «Me vine de Venezuela hace muchos años y no hice más que trabajar para conseguir abrir unos negocios. Quería mejorar de vida y escapar de la delincuencia de mi país y me encuentro que de dos años para aquí la delincuencia se nos escapó de las manos», dice.
Al caer la noche
Sobre todo en esa zona de Cuatro Caminos. Cuenta que excepto un par de cafeterías, ningún comerciante cierra más allá de las 22.00 horas. «Aquí está pasando de todo. No ya los robos, que casi todos los días afectó a alguno de los negocios, sino las peleas y hasta casos de prostitución», añade.
En la zona hay un piso que se dedica a eso y «no permito la entrada de ninguno de sus clientes, que vienen o borrachos o a montar bronca». La propietaria cierra sus puertas a todo aquel que no le guste porque ha tenido ya altercados con anterioridad. «A mi marido le pegó una bofetada una prostituta, a una de mis camareras un hombre al que no quiso atender le lanzó una botella. Y yo no puedo poner en riesgo a mi gente por vender una cerveza», afirma una hostelera que ya sufrió tres asaltos al local.
«Nos sentimos desprotegidos. Tiene que haber más presencia policial en la zona y proyectos de rehabilitación para toxicómanos. No quiero vivir con miedo», concluye.